“El nivel superior cumple un rol que no cumplen otras instituciones”

Entrevista con Gustavo Capone, director de Educación Superior de Mendoza

Por Patrick Boulet

La Dirección de Educación ocupa una casa en el Barrio Bombal, cerca de la Casa de Gobierno. El lugar está  atiborrado de escritorios y empleados. En el primer piso está el despacho del Director, una oficina no muy amplia, en donde se respira tranquilidad como en ningún otro lugar del edificio.  

Ahí charlamos durante más de una hora con el Director de Educación Superior, el Prof.  Gustavo Capone. Las puertas permanecen cerradas y nos invitan con café y tortitas.

Gustavo habla, siempre sonriendo, de los pocos rivadavienses que conozco —todos parientes suyos—, de su mamá maestra, del Barrio Champagnat que lo vio crecer y de su juventud, cuando para muchos él era simplemente “el flaco del bar del Gallego”. La conversación transcurre entre referencias a aquella bohemia mendocina de los 80 y 90 que compartimos aun sin conocernos (indisimulable nostalgia). Hablamos del Mario Franco y del maestro Louis Althusser —tan cercanos en su final— y recordamos a compañeros de la facu, aquellos amigos de antes. Hablamos de su orgullo por  su compañera y por su hijo pequeño.

Y con mucha más seriedad , el Director habla de optimismo y prioridades.

Al final, al salir, se amontonan compañeros con papeles en mano en la escalera. Me saluda el Gustavo, no el Director.

Aquella Mendoza que nos unía está afuera y también nos separa.

¿Qué visión tenés sobre el futuro del Nivel Superior mendocino?   

Soy optimista. Tenemos un esquema territorial que cubre toda la provincia y una oferta enorme, con gran cantidad de estudiantes, 101 tecnicaturas, 21 carreras de formación docente, casi 40000 estudiantes, 27 institutos de gestión estatal, 51 de gestión privada; una fuerte articulación con contextos, medios, ONG. Esa base tan amplia nos hace ser muy optimistas. En la provincia estamos llegando a lugares en los que, de no llegar nuestro nivel, no habría una alternativa que oxigenara a nuestros departamentos.

Y soy optimista porque sigo creyendo que el Nivel Superior de la Provincia de Mendoza es una herramienta emancipadora. No solo está aportando a la formación de ciudadanos, sino que también está cubriendo un rol social y político –por sobre todo político- que no están cubriendo otras instituciones. Hay una fuerte voluntad para la generación de propuestas autónomas, plurales, que permiten pensar más allá de las coyunturas y gobiernos de turno. Hay una dinámica tan potente que nadie va a poder condicionarla.  Una prueba evidente es que pasan gestiones y el sistema sigue vivo, latente y con voz propia.

¿Cómo ves esa proyección? ¿Cuáles serían las tareas de cara al futuro?

Tenemos que generar dos instancias de relación: por un lado con los otros niveles y modalidades; pero también tenemos que vincularnos con un montón de organismos que están fuera del sistema educativo. Hoy es imposible no articular con entidades vinculadas a temas sociales, por ejemplo. Todo eso hasta ahora se ha hecho, pero no de una manera sistemática.

La cantidad de estudiantes, ¿también aumentará?

Veamos algunos datos. Tenemos una población estudiantil –según el último censo-  integrada por un 62% o 63% de estudiantes que trabajan. De ese total de los que trabajan, el 23% además es sostén de familia. Es una información interesante. Otro dato que uno podría poner en valor frente a aquellos que nos han pretendido subestimar diciendo que “somos quienes recibimos a aquellos que fracasaron en el nivel universitario” es que solo el 25% de nuestros estudiantes intentó una carrera “superior” anteriormente o tuvo la opción de ingresar a una universidad. El resto ha elegido a nuestro nivel como primera opción. Por otra parte, el 15% de los estudiantes de nuestro nivel ya tiene otro título. Son datos que contrarrestan muchos mitos peyorativos. Un dato más: cada vez más egresados de nuestro nivel siguen estudiando, hacen postítulos. Los institutos han empezado un fuerte camino en ese sentido y siguen creciendo.

Tenemos una población estudiantil –según el último censo-  integrada por un 62% o 63% de estudiantes que trabajan. De ese total de los que trabajan, el 23% además es sostén de familia.

Pero suele haber un debate respecto a si nuestros institutos deberían concentrarse principalmente en la formación inicial o si deberían centrarse también en aumentar la oferta de postítulos.

Más o menos la mitad de los estudiantes de Nivel Superior estudian algo relacionado con la formación docente. Y me parece una alternativa interesante esta opción que se está empezando a dar de generar una oferta de calidad en las postitulaciones. Porque hay que ser conscientes: ¿hasta cuándo y hasta dónde tareas como la formación inicial van a continuar con la dinámica que viene dándose? Además, la formación no solo debe armarse pensando en el sistema educativo sino atendiendo a la formación ciudadana.

¿Cómo percibís la dinámica entre las áreas de extensión e investigación?

Primero, estamos tratando de articular en el área de investigación un montón de programas y proyectos que tengan que ver con lo que a las instituciones realmente les interesaba. También tenemos que generar –como veo que se está haciendo- un marco de investigaciones que tengan que ver con el sistema en su conjunto, que tengan que ver con la orientación que establece una política de investigación al nivel de la Dirección de Educación Superior. Creo que hemos dado pasos importantes.  Aparecen temas como ¿qué necesita nuestro estudiante en el aula para generar respuestas y saberes vinculados a competencias que tengan un fuerte contenido social, plural y abierto y que impacten en la sociedad?

En el campo de la extensión, creo que hemos nacido como instituciones para eso. Es decir, si no miramos los contextos en los cuales nos estamos desenvolviendo, seríamos ingenuos y estaríamos cometiendo una irresponsabilidad. Nosotros tenemos un compromiso con el contexto que rodea a las escuelas. Y estas autonomías que tienen nuestros institutos nos permiten vincularnos con contextos: el campo de la extensión tiene que cubrirlos. Acá aparece el rescate de las identidades, de lo próximo, de lo cercano, como generador de contenidos. Muchas veces esos ámbitos, ante el mundo empírico de las comunidades, tienen muchas más cosas que decir que la Academia. Ahora: hay una cuestión natural, que es la fuerte relación que nuestros institutos tienen con el medio a través de sus escuelas asociadas y sus protagonistas directos, nuestros estudiantes que se están formando en el campo de las prácticas.

Suele producirse una polémica sobre la idea de “extensión”. Porque esto de decir “extensión” es como si las instituciones “extendieran su brazo” a los contextos. ¿Qué pensás de estas concepciones?

Hay que elaborar una política con contenidos claros pero que sea lo suficientemente permeable para nutrirse de esa agenda que establecen nuestros territorios urbanos o rurales. No me imagino la extensión verticalizada, tirando enlatados a la comunidad, “bajando” contenidos.

De hecho, en la universidad se sigue diciendo que nosotros “tenemos que ir a la sociedad”, como si la universidad estuviera fuera de la sociedad y sus conflictos.

Es un debate que requiere un fuerte sinceramiento de parte de todos los actores. Creo que nuestros institutos, al igual que las universidades, son un modo de expresión de la sociedad. Transversalmente, el conflicto, la oferta y la demanda cruzan nuestros espacios. Yo no creo en el óleo consagratorio de una universidad o un instituto como los dueños del patrimonio educativo. Es más: yo vincularía la extensión con un concepto mucho más amplio, el tema de la cultura. Sabemos que lo saberes son parte de una serie de competencias y capacidades que emanan de la cultura de la sociedad.

En efecto, las universidades uruguayas y algunas argentinas han suprimido la palabra “extensión” de sus organigramas. Ahora se habla de “comunicación” u otros términos…

Por eso tampoco me imagino trabajando “la investigación” de modo aislado. ¿Qué investigo? ¿A quién le va a servir? ¿Cuál va a ser la repercusión, la proyección y el alcance? ¿Para qué quiero saber eso? Si lo que estoy indagando no está integrado con ese grito que emana de la sociedad, no va a servir. Y si nosotros no formamos en el campo de las prácticas a nuestros futuros colegas para esto, a mediano plazo van a sentirse bastante desilusionados y frustrados.

Hay otro conflicto histórico entre lo que se ha dado en llamar “instituciones de gestión privada y de gestión pública”. ¿Qué pensás de eso? ¿Cómo ves la realidad de las instituciones de gestión privada y las de gestión pública?

Partamos de asumir que la educación es un derecho. Yo soy un fuerte partidario de la educación pública, mi historia está relacionada con la educación pública, al igual que mi familia, mis hijos…mi mamá era maestra. A nosotros nos salvó, en un sentido amplio, la educación pública. Entonces yo siento una deuda grande con lo público. A veces he tenido ofertas de trabajo en universidades privadas y no los he necesitado, así que he podido seguir caminando por el campo de la educación pública como docente. Al ser la educación un derecho, creo que todos tenemos que estar en el marco de las mismas normas y de los mismos diseños. No tomaría esos dos espacios como algo separado, sino como elementos que deberían integrarse.

Y sí creo que el Estado debería hacer una fuerte revisión en términos de qué y a quiénes subsidia. muchas veces se termina apoyando a verdaderos negocios en los que la educación pasó a segundo plano.

Además, Mendoza es de las pocas provincias que tiene subsidios a los institutos superiores de gestión privada…

Nosotros hemos encarado esa discusión y entre las cuestiones que hay que reformular está este tema. Un ejemplo: en Malargüe había un profesorado de educación primaria de gestión privada que estaba subsidiado; pero nosotros como Estado no podíamos estar ausentes. Teníamos que ofrecerle a esa comunidad una opción estatal. Y fue un debate, porque estábamos pisando varios callos. Pero bueno, pudimos hacerlo.

Lo mismo ocurre en las capacitaciones. Capacitábamos para el concurso de jerarquía directiva a quienes iban a conducir nuestro sistema  en todos los niveles y modalidades a partir de la acción de privados. Entonces al cambiar eso le arruinamos un negocio grande a varios…y ahora que están saliendo los primeros resultados sobre quiénes pudieron aprobar por propio mérito, vemos que la amplia mayoría de los que fue saliendo bien viene de la formación pública y gratuita.

En Lavalle también se da el debate.

En Lavalle hemos generado con algunos organismos, como la Escuela Campesina, modelos de alternancia. Uno se siente muy tranquilo por el respaldo recibido ante este tipo de cuestiones, porque son convicciones que hemos tenido siempre. Entonces generar un espacio de alternancia en Lavalle, en la cordillera o en el sur mendocino —con mucha calidad y mucho estudio de por medio— da la posibilidad a que nuestros ciudadanos se aboquen en una semana a cumplir con ese diseño curricular que de otro modo se haría en dos o tres semanas, lo que les permite seguir con sus ritmos sociales, laborales y familiares manteniendo la opción educativa.

A veces somos muy susceptibles en ese sentido. Estamos trabajando muy intensamente en el campo de lo virtual y la educación a distancia. Eso parece que estuviera bien, y creo yo que está muy bien. Ahora: lo otro también está bien. Parece a veces que porque hay una computadora de por medio la cosa está autorizada y porque en medio del secano hay diez tipos con un ritmo de cursado diferente es una cosa extraña o demasiado flexible, o para cómodos. No es así.

¿Qué diferencias detectás entre nuestros institutos y las universidades?

No sé si hablaría desde las “diferencias”. Lo plantearía como un desafío interesante en relación a la necesidad imperiosa de caminar juntos, cada uno con sus funciones y sus alternativas y propósitos. La universidad, ahora, se vincula con el medio considerando otras cuestiones, fundamentalmente porque muchas unidades académicas de la Uncuyo han perdido el monopolio de la formación. Al mismo tiempo nuestros institutos se han extendido en todos lados, hay mucha predisposición de los gobiernos municipales de abrirnos las puertas, y existe la directiva de la DGE de federalizar la Educación Superior. Entonces vos en la universidad hoy tenés un fuerte debate interno. Mientras, los institutos de educación superior llegan a los lugares para quedarse, generan arraigo, generan compromiso social y ciudadano, se integran, se vinculan, son la cuna del sector dirigencial de la zona y eso hoy por hoy la universidad no lo puede hacer.

¿Es viable pensar que en algún momento exista una universidad provincial?

En el actual contexto, lo veo como un tema interesante pero no viable. Sí creo que muchos de nuestros estudiantes deberían encontrar la posibilidad de obtener su título de grado de un modo más articulado.

¿Hay diferencias entre los estudiantes de educación superior del Gran Mendoza y los de los departamentos? Algunos notamos que es muy diferente trabajar en San Carlos o en San Rafael a trabajar acá en Mendoza. Son muy distintos los estudiantes rurales a los estudiantes urbanos…

La fuerte coincidencia  es que todos tienen los mismos derechos y los mismos deberes y están —en el entorno de la DGE— sujetos a idénticos marcos normativos. Mi experiencia como docente a lo largo de casi 30 años es que en los institutos superiores se generan otros vínculos, se está muy lejos de la cosificación. Se vinculan personas de distintas ideas, recibimos a jóvenes que acaban de terminar el secundario o a aquellos que terminaron en un CENS, o quizá a aquella mamá o papá que se da una segunda oportunidad y sigue estudiando porque logró organizar su vida personal y familiar. Entonces tenemos una  población de entre 17 y 25 años del 60%; y de 25 a 70 años tenemos casi un 40%. Si eso se traslada a un aula, hay una variedad interesante, una linda vinculación que contagia de entusiasmo y le da cierta madurez al curso, amén de la diversidad.

Por lo demás, es verdad que en los pueblos los institutos superiores están muy cerca de la gente. Cerca del club, de la municipalidad. En el Gran Mendoza eso es más distante.

El 60% de los alumnos de los institutos superiores tienen entre 17 y 25 años; y casi un 40% tiene entre 25 y 70 años. Si eso se traslada a un aula, hay una variedad interesante, una linda vinculación que contagia de entusiasmo y le da cierta madurez al curso, amén de la diversidad.

¿A qué áreas o carreras creés que se debería dar prioridad dentro del Nivel Superior?

Nosotros hemos establecido —y se nos ha sugerido desde Nación— como prioritarias las carreras vinculadas a la lógica, como la matemática; los idiomas  —básicamente el inglés— y las nuevas tecnologías. Los números indican que tenemos que poner énfasis en la matemática porque es uno de los sectores más importantes y es un espacio donde tenemos menos estudiantes. Por otra parte hay asuntos que tenemos que reformular, como la formación del nivel inicial y la formación en educación primaria. No para abrir más carreras, no para generar nuevas divisiones, sino para estar acordes a los tiempos.

Sin embargo, ha habido cambios recientes en PEP y PEI, ¿no?

Habría que hacer cambios, sobre todo a partir de innovaciones relacionadas con la estimulación temprana. Hoy se está hablando mucho de temas vinculados con la lógica y el movimiento. La lógica para la resolución de problemas y el movimiento como gran ordenador o constructor de capacidades. Las nuevas teorías plantean el protagonismo del movimiento y de las actividades lúdicas, la neuroplasticidad y las inteligencias múltiples como elementos importantes para incorporar. Eso también merecería reflexiones dentro de los profesorados de educación física y otras carreras, por supuesto.

Esta pregunta no se la haría tanto al funcionario: está más bien dirigida al docente que hace tres décadas participa del Nivel Superior. ¿Cuáles son los proyectos políticos en pugna dentro de nuestro ámbito?

Lo primero que subrayaría es que debemos dar una formación superior de calidad, más allá de las pugnas. Hemos crecido muchísimo y lo que hoy tenemos que incorporar a ese crecimiento es una vuelta de tuerca en lo cualitativo. No vislumbro una grieta que anule este objetivo de formar profesionales que a su vez formen ciudadanos competentes, ágiles, activos y que puedan resolver los problemas de la vida cotidiana. Eso sí: hasta hace muy poco teníamos una escuela que resolvía problemas. Había estudiantes que se hacían preguntas y críticas, pero también generábamos una escuela para resolver inquietudes de la sociedad. No me gusta cuando se esgrimen consignas que distraen de ese esfuerzo. No porque no sea necesario el debate: creo que la educación superior tiene una fuerte connotación política y es lo que más me gusta. Me interesa mucho que se politice todo, pero no me gusta cuando los estudiantes pasan a ser rehenes de algunas cuestiones partidarias o clientelares.

O sea que vos no ves a esta famosa “grieta” dentro del Nivel Superior.

No la veo porque opino que lo trascendente siguen siendo los estudiantes, y esos pibes tienen la hermosa responsabilidad de formar a los futuros ciudadanos. A esta altura del campeonato no tengo tiempo de discutir cuestiones maliciosas. Un ejemplo: discutiremos o no, pero no se puede negar que necesitamos diagnósticos, y eso lo establece la ley. Ahora, si yo ocupo ese dato como algo coercitivo y te persigo, ya es otra cosa, claro. Pero el diagnóstico tiene que estar.

Los institutos superiores cubren buena parte de sus gastos mediante las llamadas cooperadoras. ¿Qué pensás de esto?

Nunca ha habido tanta plata en el sistema educativo como ahora. El achaque que nos hacen tiene que ver con la pregunta sobre la calidad de los docentes, etc.; toda una serie de discusiones que estamos dando. Hay que analizar primero qué hacemos con la plata que tenemos, con los fondos públicos. Y sí, el tema de la cooperadora es un tema que tenemos que ponernos a ver, porque no puede ser que cada instituto cobre una cifra diferente y que no esté claro en todos los casos adónde va esa plata.

La ley dice que la Educación de gestión pública es gratuita.

Es verdad que el dinero que se recibe para pagar algunos insumos es poco, más allá de que llegue periódicamente. No obstante, vos ves institutos que cobran de forma compulsiva, donde se pagan las constancias, los certificados, etc. Yo creo que nosotros no podemos estar ausentes de la derivación de esos fondos que pagan los estudiantes. No tenemos una normativa al respecto y si vos me pedís que te nombre una de las deudas que noto como docente de toda la vida es que no contamos con reglas claras en ese sentido. Seguimos moviéndonos con una normativa de cooperadoras que tiene que ver con los secundarios. Es preciso elaborar algo propio.

¿Cómo ves la proyección de los presupuestos del nivel? ¿Van a crecer, se van a estancar?

Creo que hay un montón de colegas que no nos están haciendo un favor, porque no van a trabajar y con sus sueldos podríamos ayudar a muchos docentes que sí trabajan mucho y bien. Lo cierto es que el sistema se ocupó durante mucho tiempo como una cuestión clientelar que tenía que ver más con las funciones partidarias que con las funciones docentes. Y aquí no me estoy metiendo ni con los compañeros ordenanzas, ni con los administrativos. Por eso creo en la evaluación entre nuestros pares. Tenemos que generar una mirada muy profunda, porque debe haber un montón de proyectos que no se llevan adelante por falta de fondos cuando en realidad esos fondos están siendo ocupados en el nivel por gente que no va a laburar. Esa es la verdadera grieta que no me banco. Esos chantas no son mis colegas, sean de la gestión que sean. 

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