Los suplentes

Por Marisa Pérez Alonso

Parece cuento

al barco lo defienden

los tiburones

(Mario Benedetti)

Ese sábado era la final del campeonato de fútbol en las canchas del sindicato. Se enfrentaban los empleados del poder judicial contra los profesionales. Un partido de gran final que prometía quedar registrado en los anales del departamento durante mucho tiempo.

El cielo había amanecido despejado y una nube alargada que nunca terminaba de pasar recordaba la bandera.

A los árbitros los habían pasado a buscar los encargados de hacer el asado, pero para no levantar malos comentarios, prefirieron irse a dedo y llegar muy temprano.

En el equipo de Los profesionales, el fiscal Morales era el capitán. Se había ganado este puesto gracias a su espíritu aguerrido que era una forma elegante de decir que no sabía perder.

Ese sábado, el fiscal se levantó antes de que sonara la alarma del reloj, toda la noche estuvo repasando mentalmente jugadas que nunca habían dado resultado y esperaba que esta vez, sí.

El equipo de este año era el mejor de los últimos tiempos. Las joyas de la formación eran: en el arco, un abogado penalista, Juáarez, que parecía volar; dos jóvenes peritos, Martínez y Lahos, volvían la defensa un verdadero muro; un abogado con más mañas que juventud, Carbonari, en el medio campo y él de delantero y, muchas veces veces, director técnico.

Los jugadores y los hinchas fueron llegando muy temprano y hasta el asador se puso a armar el fuego con antelación, nadie quería perderse ni un pase. Pero los dos peritos tardaban y no respondían sus celulares. Sin los defensores, el equipo de Los Empleados los iban a desplumar y chau título.

Mientras hacían el precalentamiento, el fiscal presumió lo peor y no estaba dispuesto a que la tragedia los alcanzara. Comenzó a hurgar con la mirada entre los curiosos de los costados, que ya eran suficientes para una buena hinchada. Llamó a dos muchachos que se habían acercado trotando y que se tiraron en el pasto un poco apartados del resto para ver la contienda. Los vio confiables y atléticos. No lo pensó dos veces y, sin mediar ninguna pregunta, les ofreció la suplencia en la defensa. Los dos aceptaron inmediatamente y sin embargo no levantaron sospechas del fiscal.

Las instrucciones fueron:

─Este partido es a matar o morir. ¿Entendido? Hay que hacer goles a como dé lugar.

Los empleados no presentaron objeciones ni apelaron. Se pusieron las camisetas y comenzaron los movimientos de precalentamiento junto con el resto. Los del otro equipo no se quejaron por la las incorporaciones y esto tampoco le llamó la atención al fiscal, que quería ganar el partido como si fuera un juicio sumario.

El partido fue tremendo. Los codazos y las patadas daban cuenta de la importancia de ese título. Los dos defensores nuevos desentonaban del resto por su falta de espíritu, más bien parecían de paseo, ya que observaban mucho y corrían poco.

A los pocos minutos de comenzado el segundo tiempo, Morales recibió una pelota con el pecho, la bajó y amagó con el hombro. Salió corriendo para el centro. Los del equipo de Los Empleados se replegaron y reclamaron posición adelantada, pero el fiscal siguió el juego ya que no escuchó el silbato. Hizo un pase cruzado a Carbonari que parecía un aparecido en la defensa de Los Empleados. Se les dibujó una sonrisa. Morales corrió directo al área y casi acompañó la pelota que le tiró el abogado, en medio de los abucheos de la tribuna que reclamaba posición adelantada. Hizo un gol que mereció varios minutos de discusión como posición adelantada y, como era de esperar, el árbitro no pudo imponerse y dominar la situación.

Los dos equipos olvidaron las habeas corpus y fueron directo a los empujones, el primer leñazo fue a dar a la nariz de Morales: lo dejó inconsciente.

El resto de los jugadores, incitados por la adrenalina, no se conformaron con que los árbitros no cobraran el gol, querían continuar el partido lo antes posible. Decidieron, entonces, que los mirones se ocuparan del fiscal inconsciente tirado al costado de la cancha.

Salió un jugador del equipo de los empleados como multa por el boxeo innecesario y así prosiguió el partido.

Carbonari intentó reemplazar al fiscal, pero fue en vano su intención,. Ssin el goleador ni el muro, Los Profesionales poco pudieron hacer. El equipo de Los Empleados hizo dos goles, uno en contra, pero igualmente obtuvieron la deseada victoria.

El fiscal volvió en sí para presenciar los festejos del equipo de Los Empleados, que por primera vez en años lograban el título. Los dos suplentes, aunque habían entrado a trabajar en conserjería apenas el miércoles pasado, también festejaron el triunfo ante los ojos atónitos de los hinchas. Los Profesionales no podían creer la estafa.

El lunes siguiente comenzarían las defensas del caso, pero todos reconocieron que al partido lo habían ganado sin alegatos, dos a uno, Los Empleados del Poder Judicial.  

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