“Más allá del aula”: crónica de un aprendizaje compartido

Texto colectivo escrito por los estudiantes que participaron de la experiencia

A pie se conversa, se lleva tal o cual libro, se dialoga y se discute, se miran otros espacios, otros paisajes, se conoce otra gente, se comenta acerca de los lugares por donde se pasa. El hombre se interroga e interroga al viaje: el viaje significa una serie de preguntas a las que se debe responder de manera fecunda. Preguntas que nacen de la experiencia social y, a la vez, la provocan, que educan y abren iniciativas. El viaje es un espacio múltiple y móvil, que adviene en proceso educativo. Un proceso educativo vital que, además, articula el diálogo y la experiencia social. En los viajes, ya no es el maestro el que enseña; el pedagogo es el viaje

Simón Rodríguez

La Unidad de Definición Institucional Electiva (UDIE), muy acertadamente denominada “Más allá del aula”, es el lugar donde estudiantes y docentes vivenciamos, a flor de piel y colectivamente, prácticas concretas de un modelo teórico signado por el rechazo de las pedagogías más tradicionalistas. Modelo que, como estudiantes, rara vez vemos en acción y terminamos pensando o creyendo que una forma distinta de hacer docencia es imposible.

La tarea consistió en realizar un campamento que convocó a 60 personas. Pero no organizado por docentes hacia estudiantes, sino pensado por docentes y organizado por todxs lxs que participamos. Nadie quedó fuera de la construcción, y por ende, todxs colaboramos de alguna forma en la realización de las tareas. Comidas, horarios, actividades, juegos, desafíos, debates y guitarra mediante, generamos un espacio donde la teoría de la complejidad y transdisciplina, donde el posicionamiento freireano de la educación para la libertad y donde las pedagogías colectivas y críticas se fortalecieron en el campo de la teoría y la abstracción; pero sobre todo, y más importante, dieron el primer paso hacia la realidad y aplicabilidad dentro de nuestras experiencias.

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“Más allá del aula” vino a sembrar una semilla de esperanza pedagógica, convirtiéndose en referencia para todxs lxs que fuimos y somos parte. Nos interpeló de tal forma que ya no hay vuelta atrás. Es muy difícil desorganizar un colectivo cuando ya se organizó una vez, cuando ya vivenció que a través de los puntos en común y no de las diferencias se pueden lograr formas de hacer y pensar las cosas de manera creativa, cuando ya fue tocado por la construcción de vínculos con el otro y la naturaleza.

Este artículo es, en sí mismo, el resultado y una muestra contundente de un equipo de docentes que brega por la participación y el compromiso de lxs, por ahora, estudiantes. Docentes del Nivel Superior que nos convocan a ser protagonistas en definir el sendero de nuestras trayectorias académicas. Poco a poco, y a medida que rompemos el umbral entre ser estudiantes y ser docentes, nos incorporamos a la discusión sobre qué tipo de educación y escuela queremos.

Los dos modelos, la escuela tradicional y los enfoques de “Más allá del aula” —que son como el día y la noche—, intentan convocarnos a sus filas. Uno nos lleva a la reflexión y al pensamiento crítico, a escuchar y solidarizarse con el otro, a transformar la realidad que nos rodea y a ser mediadores de construcciones colectivas de conocimiento; el otro nos seduce a envestirnos del poder simbólico, a depositar nuestros conocimientos en los carentes de ellos, a formar esas cabezas vacías tal y como el poder real quiere, en fin, a sostener el status quo.

En este sentido, Darío Sztajnszrajber nos dice que la escuela es crisis y eso no es algo negativo. Si no hubiera crisis sería una fábrica, ¿cómo no va a ser crisis el encuentro con el otro? Una escuela que no está en crisis es una escuela muerta. Una escuela que no está en crisis repite y reproduce.

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Finalmente, antes de volver del campamento, realizamos la actividad (colectiva de nuevo) de pintar una bandera con una frase que nos representara. “El mundo es mi aula”. Esa frase fue corolario de un fin de semana signado por el trabajo en equipo, por el respeto al otro, por el contacto con la naturaleza, por el sentir generalizado de “me pasa lo mismo que a vos y eso que sos de otra carrera y de otro año”, por las posibilidades que da el entreaprender, sabiendo que el otro, mi compañerx, también enseña; que con una mirada atenta y abierta la realidad se puede transformar en objeto de estudio, vivenciando cuánto hay para aprender más allá de los muros.

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En fin,  la construcción colectiva de “Más allá del aula”, como UDIE, y su concreción en esta edición “El mundo es mi aula”, fue una experiencia real y concreta de otros formatos pedagógicos que nos alientan como futurxs docentes a  “inventar” en el sentido rodrigueano del término.

Nuestro pedagogo Jorge Huergo, citando a Simón Rodríguez,  decía “que las instituciones que imitan los modelos educativos tradicionales cargan con los conflictos que les dieron origen y que son propios de otros contextos, por eso fracasan o no dan respuestas adecuadas o satisfactorias a los problemas de nuestros pueblos. Por eso la invitación de Don Simón es provocativa: ‘Inventamos o erramos’; y en tierra de pobreza e injusticia, no podemos darnos el lujo de errar. Hay que crear la juntura de la coeducación, la formación de protagonistas de una democracia popular”.

 

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