La Obra de Liliana Bodoc: belleza y transformación, por Susana Sagrillo

Resumen

El presente artículo propone una lectura de la obra de Liliana Bodoc desde su propia idea de la literatura como transformadora, como revolucionaria. La literatura debe buscar la belleza, pero también debe, según sus propias palabras, cuestionar la pequeñas certezas del lector, debe poner en jaque el orden cultural. Sobre esta base hemos tomado algunos temas que consideramos importantes para demostrar cómo la autora otorga la voz a aquellos que han sido silenciados por el discurso dominante. Cómo muestra una mirada diferente de la oficial, de la socialmente admitida para que el lector dude, se cuestione y, a partir de eso, pueda cree algo diferente. En ese sentido la literatura de Bodoc es transformadora.

Belleza y transformación

Uno de sus poemas, publicado en Memorias Impuras, dice:

Habiendo recibido la palabra

Y el don de inventarlas, acrecentarlas,

Habiendo adquirido el lenguaje,

Tiene que ver el hombre

Su obligación de cantar bellamente.

 

Recibió la palabra para eso. Y recibió las manos.

 

Habiendo recibido las manos

Con sus cinco dedos completos, enhiestos

Habiendo adquirido la capacidad de moverlas a su antojo,

Tiene que ver el hombre

Su obligación de transformar.

 

Recibió las manos para eso, y recibió la frente.

 

Habiendo recibido la frente

Y la noción de que no es una cáscara, una corteza del rostro.

Habiendo adquirido una ventana encima de los ojos,

Tiene que ver el hombre

Su obligación de escudriñar;

 

El hombre recibió la frente y su fruncimiento

Para escudriñar los cielos y la tierra.

Este poema concentra y resume la obra de Liliana Bodoc:

¿Por qué hablamos de belleza y transformación?

En el Artículo Deberes de la literatura[1], Bodoc dice que el primer deber de la literatura es problematizar el lenguaje. La palabra debe descubrir lo que está velado, debe nombrar todo aquello que fue ocultado, debe dar luz a zonas veladas.

Además de la importancia de la creación de un texto con un lenguaje rico en imágenes, descripciones bellas, según palabras de la autora, la literatura debe también decir algo, aparte de decirlo de una manera bella.

Entonces, podemos preguntarnos qué dice la obra y cómo lo dice.

Al decir descubrir algo que está velado, nos lleva a pensar en una literatura que habla de todo aquello que fue silenciado por el discurso oficial, por la historia oficial. La literatura de Liliana Bodoc descubre la trama, la abre para que el lector piense, dude, se cuestione sobre todo, aquello que la autora, llama “pequeñas certezas”, o sea, los conocimientos del mundo considerados obvios o naturalizados.

Esta inmersión del lector en la obra hace que luego de la lectura se produzca una transformación en él. Aún la duda es un comienzo de transformación a partir de lo cual se comienza a modificar, a construir un nuevo modo de mirar.

Continuamente Liliana Bodoc muestra y descubre zonas veladas. En esta ocasión vamos a tomar algunas de ellas.

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Caridad

Por ejemplo, la caridad. ¿Qué sentimos cuando damos algo a un niño?

He aquí como lo ve uno de los personajes. En este caso se trata del cuento Un soberano en harapos, publicado en Reyes y pájaros (2007):

La primera injusticia que me dolió fue gramatical. Para mí el idioma tenía reservada otra pequeña y tremenda palabra. La “O”.

Si un señor deseaba dar a su familia una dominical lección de caridad se agachaba hasta mi cara:

-¿Qué prefieres, niño? ¿Un boleto para la Vuelta al Mundo O una manzana acaramelada?

Quien alguna vez debió elegir entre darle alivio a su tristeza o mitigar su hambre sabe que la “O” no tiene remedio.

¿Hace falta que les diga que yo era pobre como una rata? (p. 53)

Los niños de la calle

Y este tema nos conduce a otro: Los niños de la calle. ¿Qué pensamos o qué sentimos cuando vemos a los niños en los semáforos, en los bares, tratando de vender algo o haciendo malabares?

En el cuento Caramelos de fruta, ojos grises, publicado en Amigos por el viento (2004) nos lleva por un sendero vertiginoso de tristeza, de incertidumbre, de darnos cuenta desde dónde estamos mirando la realidad y cómo la miramos. Se trata de dos niños que venden caramelos en la ciudad. Son dos hermanos. Magui, la menor, tiene ojos grises:

A Tomás la calle le había enseñado que los ojos grises vendían más que los marrones.

(p. 27)

Al final de la jornada, antes de volver, Magui desaparece. Y ahí empieza el vértigo no solo del personaje, sino también del lector. Es la palabra poética de la autora la que nos lleva a sufrir esa situación y, quizás, a darnos cuenta de su existencia:

El cuento termina con una oposición muy lograda:

-¡Magui!- llamo de un susurro-: Magui, si te encuentro nos vamos a casa a tomar la sopa-

El basural lo oyó en silencio. En un bar de la ciudad había un periódico olvidado en una de las mesas.”Cifras negras…” Pero los soldados del monumento no pudieron defenderla

“Un importante número de organizaciones internacionales hicieron público un documento estremecedor…” Pero la gente seguía tomando café con leche.

“Ha crecido de manera dramática el número de niños robados…” Y los trenes partían.

“Los niños que trabajan en la calle son las principales víctimas…” Pero a Superman no pareció importarle.

“Por cada día que estas soluciones demoren habrá niños que no regresen a sus casas” El hospital no tuvo tiempo para escucharlo.(p33-34 ).

Justamente son los medios autorizados, los diarios, los hospitales, las organizaciones internacionales, Superman. Ellos dicen, leen, opinan, mientras la vida continúa, mientras los niños desaparecen.

Con la magia de sus palabras, Liliana nos hace sentir incómodos. Y esa incomodidad es un modo de dudar, de replantearse cosas que damos por natural, obvio.

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Pueblos acallados

Y hablando de la historia oficial, o del discurso dominante: ¿Cómo nos han hablado de pueblos dominados, de los pueblos americanos, de los gitanos, de los mongoles, de los pueblos bárbaros?

Justamente, una característica de la obra de Bodoc es que da la voz a los que fueron silenciados o dominados por el discurso oficial. En La saga de los confines comienza el relato con las costumbres husihuilkes, su respeto por los ancianos y por la naturaleza, su sentido de pertenencia. De ese modo les da la voz a los pueblos originarios, voces que fueron acalladas durante siglos por la historia oficial.

En cuanto a los gitanos, el cuento Kin Kil, perteneciente a Reyes y pájaros (2007): trata este tema.

Así empieza un cuento:

El domingo 27 de agosto de 1427, un grupo de gitanos se instaló en los alrededores de París. Un mes después fueron expulsados bajo los cargos de hechicería, vagancia y robo.

“Que se fueran”. Húngaros, griegos, egipcios, lo que fuesen. El señor Obispo de París dispuso que partieran de París y los alrededores con su bochinche a cuestas….

Fuera de París que ya tiene bastante con sus propios rateros.

-¡Sí, son de los mejores tramposos! Trampas para aparecer, trampas para desaparecer, trampas para comprar barato. (p. 39)

Luego los llaman  Vagabundos, condenados a vagar por el mundo sin dormir en cama…

Sin embargo, Tomás, con una naranja robada y un pan de caridad, decidió verlos. Pero él estaba confundido. Y los vio partir “como una bandada de pájaros que mezclaban silbidos y gorjeos con los tri de los trinos”. Tomás se pregunta ¿qué estarían diciendo? ¿Qué dirían?

Ante el discurso dominante, Liliana Bodoc opone la posibilidad de la libertad, del canto, de la magia de desaparecer, teniendo en cuenta que la magia es lo no conocido.

El único que quiere saber qué dicen, o que intenta conocer algo de ese pueblo, es Tomás. Y nos deja clavada esa pregunta:

¿Qué dirían? Qué dirían si alguien los escuchara, si alguien quisiera saber cómo son.

Es importante cómo el narrador se aparta, en este cuento, para dar la voz a los otros, a la sociedad. Es la sociedad en general la que piensa así y sus autoridades las que imparten las órdenes.libros

Los esclavos

Los esclavos también tienen voz en la obra de Bodoc.

El tema de la esclavitud aparece con frecuencia. Ya desde el cuento Antiguas cacerías (en Amigos por el viento), El rastro de la canela, El espejo africano, El perro del peregrino y otros.

Pero elegí El río estuvo allí (Historia en la confluencia), cuento perteneciente a Ondinas (2015).

Ocurre en 1808. Una familia que vive no muy lejos del Río Paraná, invita a Francisco, sobrino de una rama decaída del árbol genealógico, para que hiciera un retrato vivo de la familia.

Mientras Francisco cumple con lo pedido, hace otro retrato, el de una esclava en el arroyo.

-Me gusta pintar la libertad –dice.  (p.14)

Cuando lo descubren, el amo arrojó al arroyo una patria de piel negra. (p. 32)

Tiró la pintura, sin embargo Liliana lo dice bellamente:

arrojó al arroyo una patria de piel negra

Pero no termina ahí:

Francisco partía cuando su tío lo detuvo.

-No puedo entender por qué se enfrentan a sus propias familias –dijo.

Francisco sonrió.

-Tal vez, si miraras con detenimiento…  -Y se pasó la mano por la cabeza de rulos apretados. (p. 32)

 

La clave está en ese: si miraras con detenimiento.

Propone ver lo que no se quiso o no se pudo ver. Da la voz a quien siempre se le quitó.

Muchos de sus personajes no poseen las características del héroe como estamos acostumbrados. El narrador escucha la voz de los débiles, de los marginados. Por ejemplo, Cucub es un artista ambulante, y su estatura apenas supera la de un niño.

Wilkilén, contaba ya doce temporadas de lluvias. Sin embargo su alma parecía empecinada en no crecer. Sin embargo es quien logra que la Sombra, la Muerte se plantee su accionar, en uno de los pasajes más bellos de la Saga.

Acila no era joven, ya no era joven. Ni carnal ni joven. En cambio, la virtud entera de la inteligencia le había sido otorgada: Era conocida como Palabra demorada pues se demoraba en pronunciar y repetía sonidos. Ella logra llevar adelante la resistencia en La saga de los Confines. (LDS: 18)

Lila, protagonista de El mapa imposible (2008), habla de sí misma y dice:

Una de mis piernas no sabe correr. (p.20)

 Órdenes injustas

Otra de las constantes en la obra de Liliana es la respuesta a órdenes injustas. Pero Liliana no las rechaza directa o abiertamente, sino que las desteje, abre la urdimbre para que el personaje pueda ver y luego decidir, tejer su realidad.

Ocurre con el final de El rastro de la canela (2010), final que no esperamos y nos sorprende.

Y en El perro del peregrino (2013), un extranjero un lento soliloquio:

¿Ves este atardecer, Eliseba? Pues igual atardecerá tu cuerpo sin haber conocido la luz del sol. ¿puede alguien arrojarte a la sed sin que hayas probado nunca el vino fresco? Ninguna vejez puede sacrificar a la juventud.

¡Obedece a tu padre, puesto que es tu deber! Obedece, pero por una sola vez reposa en el cuerpo de tu amado. Y ese solo instante, te servirá de alivio en los días venideros.

… Si te permites ceder una vez, tendrás dos cosas a tu favor. Una será la dicha de haber gozado del verdadero amor al menos una vez. Y la segunda será la culpa. Porque la culpa, Eliseba, suavizará tu aversión por el hombre que te desposará. ¿Sabes niña? Cuando los hombres y las mujeres obran mal contra quien no lo merece, luego se apiadan, se apaciguan, porque la culpa por lo que hicieron anula la rabia. De esa manera, tú, el pescador y tu buen esposo serán más felices. (pp 79-80)

Volvamos a las pequeñas certezas. De esta manera, Liliana Bodoc ha tensado el orden cultural, ha propuesto al lector que se inquiete, que revise sus saberes, su propia postura frente a algunos temas, sus seguridades sociales y culturales. Por lo menos que dude, ya que a partir de la duda surge algo diferente.

Quedan muchos temas por destejer. Podemos hablar del encuentro entre culturas, de la “caza de brujas”, de la imagen que la sociedad en general tiene del arte y de los artistas, del rol de la mujer en la sociedad, en las luchas.

Podemos hablar de la belleza de sus imágenes especialmente para reflejar el amor y el dolor.

Pero fundamentalmente destacamos el compromiso de Liliana Bodoc con aquellos temas y aquellos personajes que nos inquietan ya que según ella, la palabra debe nombrar, iluminar las zonas confusas y veladas de la realidad ya que cuando algo tiene nombre se puede entender, conocer, y transformar. Es mirar al otro para conocerlo y comprenderlo. El diálogo implica una apertura hacia el otro.

La propuesta de la obra de Liliana es, entonces, la solidaridad frente al individualismo, el diálogo frente al discurso monológico que supone una orden, la tolerancia y aceptación de la diferencia, la defensa de lo propio.

Pero todo esto no es posible si no existe la esperanza basada en ese darse cuenta, en la construcción de un mundo mejor, en su transformación a partir de cada uno, de cada lector.


[1] Exposición2 de Liliana Bodoc en el II Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía: EL PROYECTO HUMANO Y SU FUTURO. ALTERNATIVAS.  Mesa redonda: Pensar el futuro desde el arte  Coordinadora: Dra. Estela Saint André Lugar: Facultad de Filosofía Humanidades y Artes. Universidad Nacional de San Juan Fecha: 11 de julio de 2007.

Bibliografía

Bodoc. L. Los deberes de la literatura. Exposición en el II Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía. San Juan. 2007

Imaginaria. Revista quincenal sobre literatura infantil y juvenil. En: http://www.imaginaria.com.ar/

Lotman, I. (1996) La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto. Madrid, Frónesis.

Sagrillo, S. (2011) La otra voz en La saga de los confines. Un estudio sobre la trilogía de Bodoc. Mendoza. Ediunc.

Roig, Arturo Andrés (2008). El pensamiento latinoamericano y su aventura. Edición corregida y aumentada.  Buenos Aires. El andariego.

 

 

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