“Todos son reformistas”, por Patrick Boulet

“En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente”1

El filósofo argentino-cordobés Diego Tatián suele decir “hoy todos se dicen reformistas”, en relación con la generalización y debilitamiento de la herencia revolucionaria de la Reforma Universitaria de 1918, a 100 años de su inicio. Por citar sólo un ejemplo, el Ministro de Educación del gobierno nacional, Alejandro Finocchiaro, se asume como “reformista liberal”, planteando la necesidad de reconocer a la Reforma como un movimiento importante, pero propio de una época atrasada y ya superada de nuestro país. En esta interpretación se rescata solamente la búsqueda de “libertad” como categoría abstracta y la necesidad de circulación de conocimiento, en el mismo sentido que le da su gobierno hoy.

En esa dirección es imaginable, cuando nos vayamos aproximando al 15 de junio, una gran cantidad de actos formales con trajeadas autoridades, lavados y edulcorados discursos, los cuales vacían de cualquier espíritu rebelde a la irrupción en la historia de los pibes cordobeses. Y esta posible interpretación descafeinada no es claramente la única, pero puede quedar como tal, sino la disputamos. La memoria no es un recinto cerrado sino un campo de combate, como lo plantea Pierre Bourdieu, y creemos que este es el momento de dar la pelea simbólica por el sentido de las gestas del 18.

El primer hecho para recodar es que la Reforma no fue una reunión tranquila de debates acompasados. El 15 de junio de 1918 los estudiantes interrumpieron una asamblea para elegir rector en la Universidad Nacional de Córdoba, arreglada por el orden conservador católico. Irrumpieron en el recinto rompiendo la puerta y tirando sillas y luego tomaron la universidad con apoyos políticos y sindicales anticlericales y anti-conservadores. El rector electo por los sectores conservadores, Antonio Nores, intentó mantenerse en el rectorado, rodeado de una banda de jóvenes de “buenas familias” cordobesas. Los estudiantes lo sacaron a las patadas y a las piñas, “La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo”.

Dos días después las demandas estudiantiles se hicieron pública el diario La Gaceta Universitaria, como Manifiesto Liminar, producción colectiva cuya forma final se cree fue dada por Deodoro Roca, entre las 4 y las 6 de la mañana de la noche anterior. Como es ampliamente conocido, el mismo está dirigido a “los hombres libres de Sudamérica”, en tiempos que este destinatario (América del Sur) era escasamente contemplado como colectivo. Luego de la exitosa “balacanización” de la tierra y los pueblos, llevada adelante fundamentalmente por los intereses de las oligarquías locales y el imperio británico.

13En nuestro tiempo se recuperó mucho más, y auspiciosamente, la idea de sentirnos latinoamericanos y de construir integración más allá de las fronteras artificiales, tal como lo planteaba el reformismo, concretamente en el inicio de nuestro siglo en los procesos conocidos como la “primavera progresista”. El Sur como categoría política más que geográfica es un fuerte resultado de esa latinoamercanización del pensamiento, como así también las organizaciones de integración y puentes entre los pueblos construidos en ese momento. Hoy, ante la ofensiva conservadora en cuya base está la dilución del Sur para dominar a espacios y sujetos fragmentados, es necesario recuperar el centenario impulso del 18 para construir un Sur de los explotados del mundo, no sólo América Latina, un Sur de hombre libres, en el sentido que le da Boaventura de Sousa Santos. Una primera aproximación para pensar en nuestros tiempos la libertad de las imposiciones conservadoras, es no plantearlo como un problema de la universidad, ni siquiera de un país, sino de los “hombres libres de Latinoamérica”. La pelea por la educación pública es al menos de toda la Patria Grande, así lo entendieron los que tomaron al movimiento del 18 como referente desde México a Punta Arenas, la autonomía, la gratuidad, la democracia, la resistencia contra la mercantilización de la educación y los sujetos, es una de las primeras herencias de las Reforma. Como antes, en donde se enfrentaba a la oligarquía, sus aliados internacionales y la iglesia, hoy también enfrentamos al capital financiero, trasnacional por definición. O sea, la educación superior pública tiene enemigos importantes, que pretenden vender todo lo que se pueda, reducir los presupuestos y “competir” en el mercado. Para esto necesita romper con una memoria larga y corta de educación pública como derecho que se incrusta en nuestra historia (recordemos por ejemplo la gigantesca oposición al arancel a fines de los 90). El intento de transformar a la educación superior en muchos “Big Mac”, se puede hacer también desde el legado de la “Reforma” tal como es apelado por jóvenes, y no tanto, socios del gobierno nacio-nal argentino y de varios otros en la Patria Grande. “reformar” muchas veces se toma como “modernizar”, el cual se reduce a “transar”.

Otro fuerte ideal de los estudiantes del 18 tiene que ver con la Autonomía, en larga discu-sión en nuestras universidades. Autonomía hace 100 años era sacar a las aulas de los mandatos de la oligarquía y la iglesia, permitir retirar el oscuro manto del autoritarismo para que salgan las múltiples expresiones de la comunidad, sobre todo estudiantil. En el mismo sentido hoy se puede entender como autonomía del mercado, de los intereses de Monsanto, Intel, City Bank, Clarín o ….. , también de los intereses conservadores del mundo adulto, entre ellos los de los profesores, en general apegados al pragmatismo de servir a las ideas dominantes, como camino más cómodo a la supervivencia. Ayer y hoy, podemos decir:

“Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y lo que es peor aún el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara”.

14O sea, la herencia reformista se puede entender desde un doble vitalismo, rebelión contra los poderes externos y contra la casta de dominadores internos, “La juventud Universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad”. Gran desafío para hoy, enfrentar al capitalismo internacional y la mercantilización, enfrentando a sus cómplices de adentro, la mayoría de ellos instalados en los cómodos sillones de los rectorados y decanatos, “fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario”.

La Reforma sostiene también el cogobierno, con participación estudiantil como una de sus banderas, el mismo que ha sido congelado como procedimiento en el cual los docentes deciden todos y en el mejor de los casos ofrecen a algunas prebendas a los representantes de los otros claustros, que estos aceptan gustosos ciertamente, en una dialéctica de dominadores y dominados. La universidad argentina debería repensar todo el sistema de cogobierno, si pretendemos avanzar a más libertad, justicia y derechos de todos (particularmente de estudiantes y per-sonal de apoyo) o dejarlo así, si quiere que quede todo en la misma injusticia. Elección directa de autoridades y “un ciudadano universitario un voto”, podría ser un comienzo, además de la composición igualitaria por claustro de los consejos.

Otra gran disputa al menos intuida en el 18 y con plena vigencia hoy es la idea del Dere-cho a la Educación Superior, construida después de un largo proceso de luchas populares. En la Conferencia Regional de Educación Superior de América Latina y el Caribe del año 2008 en Cartagena, se establece: “La educación es un bien público y social, es un derecho humano, y es un deber el Estado”. Siguiendo este enunciado es importante recuperar el sentido público y de derecho a la educación superior, contrapuesto a la idea de mercado, difundida hoy en nuestras tierras. Si la educación es un derecho la oferta debe atender los deseos y necesidades del pueblo y no los requerimientos coyunturales de las empresas. En este sentido cobran relevancia toda la oferta de humanidades, ciencias sociales y arte, habitualmente poco “empleables” en las empresas y de escasa “utilidad” en el mercado. La defensa del derecho a la educación y la de las necesidades de las mayorías populares son la única posibilidad de existencia y crecimiento de gran parte de la oferta actual de educación superior, su contracara es su desaparición.

En este derecho a la educación superior corre la idea de “libertad” tan fuertemente formulada por los reformistas del 18, libertad de enseñar y de aprender, de discutir y de crear. Esa libertad solo puede realizarse con universidades de puertas abiertas y con el conflicto social al interior de ellas. No hay posibilidad con aulas cerradas y oscurecidas por la uniformidad de opiniones, que sólo pueden ser las de los sectores dominantes nacionales y trasnacionales.

Del otro lado de la calle se encuentra el modelo de las universidades integradas al mercado internacional, “eficientes” y “complementarias”. Es lo que en Europa se conoce como el Acuerdo de Bolonia2, el cual a más de 18 años de su firma ha llevado las carreras de grado a tres años y su complementación con posgrados muy caros, que son los que otorgan la habilitación laboral. También a una reducción de los alcances de los títulos (especialización) y la delimitación de las posibilidades laborales de los mismos de acuerdo a “competencias”. Este término paradigmático del mundo mercantil, ha sido impuesto en muchos casos autoimpuesto, y militado con exageración como el caso de la U.N. de Cuyo como la solución a los problemas de integración con el mercado y el paradigma en la formación de sujetos “competentes” y “competidores” en el utilitarista sentido empresarial.

También las políticas de Bolonia han llevado a una reducción de la inversión estatal en las universidades europeas, dado el sostenimiento de los posgrados por parte de los mismos estudiantes y el crecimiento del negocio financiero, relacionado con la toma de créditos para financiar los estudios superiores. 2

Poesía de la resistencia y la revolución

15

“La juventud vive en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo de contaminarse. No se equivoca en la elección de sus propios maestros”

Los recuerdos y los homenajes suelen sintetizarse en aburridos actos, como los escolares, donde se dicen largos discursos o se colocan ofrendas florales. Nada más lejano de la vitalidad de los jóvenes del 18, que nos invitaban a cambiar el mundo, dinamitando las estructuras sociales y sus injusticias.

Desde un primer momento en donde se pensó que el mundo podía cambiarse desde la universidad se pasó a la necesidad de un cambio social que contenga a las casas de estudio. El mismo Deodoro Roca reconocía, 20 años después de la Reforma, que el único cambio posible para la universidad era cambiar la sociedad capitalista, dado que las aulas eran el espejo de las sociedades conservadoras y jerárquicas, tal como anticipaba Manifiesto, “las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”.

Podemos reconocer aquí el fracaso y el éxito al mismo tiempo del movimiento de Córdoba. Aquella “república de estudiantes” no podría lograse sin construir, ¿primero?, ¿al mismo tiempo?, una distribución justa de los bienes económicos y culturales en la sociedad y en la región, esto sólo puede alcanzarse, como se sabe, prendiéndole fuego al capitalismo.

Claro que también el cambio social se logra con múltiples fuegos encendidos desde puntos diferentes, y a veces lejanos, de la comarca para luego confluir en un movimiento. La universidad puede ser uno de ellos apareciendo un potente recuerdo de los estudiantes de Córdoba. Allí se juegan múltiples batallas por la apropiación de bienes culturales y sobre todo en ella se forman los cuadros medios y altos de la estructura de explotación del hombre por el hombre. En ese sentido la tradición de la Reforma del 18 es una llama permanente de resistencia y revolución.

La necesaria apropiación de esa llama es hoy el enfrentamiento con el conservadorismo financiero que ataca a la universidad pública, pero al mismo tiempo dar la pelea contra la permanencia de las ideas conservadoras en el interior de las aulas, encerradas en el término “profesor” o “profesora”, en los sistemas de ingreso, en las múltiples regulaciones excluyentes y en los filtros permanentes que hacen desertar a más del 60% de los estudiantes que ingresan a la educación superior en nuestro país.

Ahora, como antes, los estudiantes, aquellos del Mayo Francés y de las revoluciones en toda América Latina, son uno de los sujetos que pueden atrapar el ángel de la historia, en el sentido de apuntar a una revolución profunda de las estructuras económicas y culturales de las universidades argentinas.

El aire fresco de la Reforma Universitaria de 1918 está en la vitalidad de enfrentar a la injusticia capitalista y al dogma conservador, dentro y afuera de la universidad, quizás la única manera posible de honrar aquella Córdoba, como solían decir en el Mayo Francés “hay más poesía en las barricadas y los palos que en el atardecer de la campiña”.


1.  Este fragmento y los que siguen fueron extraídos de la versión del Manifiesto Liminar publicado por la U. N. de Córdoba en https://www.unc.edu.ar/sobre-la-unc/manifiesto-liminar.

2. El Acuerdo fue el resultado de una reunión de ministros de educación europeos en la ciudad de Bolonia (Italia) en 1999. El punto principal del acuerdo es la creación de un mercado europeo único en los países de la Comunidad Eco-nómica Europea, para homologar trayectos, títulos y exigencias. El cual se ha implementado, no sin resistencias, hasta nuestros días.

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