Editorial N° 4

Escribir, contar, publicar sigue siendo una necesidad, un proyecto, un intento de compartir, aún en tiempos de wasap.

Las instancias de discusión presencial son bastante comunes en las instituciones educativas, nos cruzamos en los pasillos, nos vemos en el buffet, en la puerta del aula o en la entrada del edificio. Son momentos significativos en sí mismo, aquellos que pueden cambiar la ruta del tiempo, como solía decir Walt Whitman. Trascendentes y efímeros.

Sin embargo, nos parece que también necesitamos otros caminos para compartir debatiendo, en la construcción colectiva. Caminos que permiten otros tiempos de lectura, análisis y producción en caminos permanentes y necesarios de recorrer por parte de estudiantes, docentes, egresades y personal de apoyo de la educación superior provincial. Necesarios para dar cuenta en otros tiempos, tiempos que no son los agitados del día y de la velocidad.

El texto escrito o la imagen se puede mirar luego, con el mate o el café y es difícil mirarlo en el semáforo. Permanece y no es tan sencillo de ser reemplazado por el texto que sigue.

La provisionalidad o la permanencia de lo escrito o de las tradiciones orales es un largo debate en el camino de la humanidad. Si no existiese, nuestro destino sería sin duda incierto y quizás sorprendente. Los escritos de los mayas quichés en la selva que hoy llamamos Guatemala, con sus sueños del orden universal o el profundo equilibrio de las métricas sociales y naturales, que Pitágoras imaginó caminando cerca del mar en un lugar que hoy llamamos Italia, entre tantísimos, forman parte de un legado escrito imprescindible, sin el cual sería imposible pensar nuestro mundo. O sea que, si dejamos todos atrás, como cada tanto se dice, desparecería nuestra cultura, lo que puede ser muy malo o muy bueno, pero seguro diferente.

En ese sentido de permanencia, es que intentamos continuar escribiendo, desde nuestro pequeño lugar en el mundo, como herramienta doble de dar cuenta de nuestro tiempo y de intentar cambiarlo

Particularmente construimos este número 4 de Trama y Contraluz. Compartimos descripciones y análisis y un tiempo de conflicto de los Institutos de Educación Superior. Apareció el decreto 530 y sus normativas complementarias y estas fueron resistidos por sus comunidades. El debate y las medidas de acción son un gesto de salud de los institutos y de les sujetes que los caminan. Conflictos que continúan y que tiene aún mucho desarrollo, en un entorno de ajustes para educación propios de las políticas neoconservadoras que bajan desde Nueva York hasta la última escuela mendocina.

Seguiremos escuchando, analizando, escribiendo y compartiendo.

IMG-20181113-WA0033Lorena Roitman, estudiante de cuarto año del Profesorado de Artes Visual,

IES 9-002 Tomás Godoy Cruz, Ciudad de Mendoza

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