Encuentros

Por Rodrigo Araya

Estudiante de 2º  año del Profesorado del Lengua y Literatura

Demasiadas son las historias de amor que conocemos, y las hay de todo tipo. Algunas son largas, otras más cortas; las hay enredadas y concisas, apasionantes y aburridas; varias con final feliz, más con finales tristes y hasta algunas solo se quedan en el inicio; pero esta es de esas que no se esperan, de las que nadie apostaría ni dos pesos, de las que tienen comienzo en el lugar menos pensado, uno de esos sitios en donde muchas cosas son dichas, pero pocas en serio; en donde las relaciones suelen ser más fáciles, pero lo que fácil llega, fácil se va. Lo que sigue a continuación no es cualquier historia de amor, es una historia de amor virtual.

Ellos se conocieron por una de esas aplicaciones para ligar que estaban de moda. Match va, match viene, coincidieron en una ventana. Ambos perfiles, casi vacíos y sin fotos, mantuvieron la pantalla expectante hasta que uno de los dos se decidió a escribir. Un ‘hola, como andas??’ rompió con la monotonía de ese fondo negro y vacío de sus teléfonos. Lo que no sabían era que ese mensaje terminaría siendo el primero de muchos más textos que viajarían impacientemente, de un aparato a otro, casi todos los días de la semana.

Pasaron largas noches pegados a la pantalla del móvil mientras compartían sus gustos de cine, cocina, deporte, literatura y música. Poco a poco, pasaron de esas charlas superficiales a conversaciones un poco más profundas, y de esta forma, el cariño y la confianza en la persona que estaba del otro lado de la plataforma aumentaba, al igual que las ganas de estar cara a cara compartiendo algo más que sólo letras y un par de emojies.

Querían verse, pero el miedo y la inseguridad de encontrarse con alguien diferente a lo que habían imaginado les generaban ciertas dudas. Acordaron primero hablarse por teléfono, uno marcó y el otro atendió, ¿Cómo sería su voz? La llamada comenzó y algo los sorprendió, la voz que hablaba del otro lado les sonaba familiar ¿acaso se conocían? Luego de una larga hora cargada de preguntas, respuestas, risas y anécdotas, llegaron a la conclusión de que, a pesar de coincidir y ser casi iguales en muchos aspectos de sus vidas, definitivamente no se conocían. Fue así que reemplazaron los clásicos chats por las llamadas y en una de esas interminables charlas, quedaron en reunirse a beber algo en un bar del centro.

La fecha del encuentro por fin había llegado. La noche del viernes estaba un poco más oscura que de costumbre, el aire fresco combinaba perfectamente con el nerviosismo que llevaban. Uno llegó primero, y el otro, con la sola compañía de su cigarrillo, caminó hasta el bar donde se reunirían. Ese día no encontró a nadie en su camino, como si esa soledad estuviera preparada para allanar el terreno del encuentro. Ya en la esquina, se tomó un momento para armarse de coraje e ingresó a la taberna. Para su alegría, ahí estaba, de espaldas a la puerta en un lugar de la barra; aún no se conocían, pero algo en su interior le decía que se trataba de la persona indicada. Con un extraño hormigueo recorriendo todo su cuerpo, caminó entre las mesas para acercársele. Una vez a su lado, se quedó inmóvil del asombro. Nunca imaginó que él mismo sería quien se estaría esperando con una copa de buen vino entre las manos.

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Eva Sosa, estudiante  del Profesorado de Artes Visuales, 3° año IES 9-002 Tomás Godoy Cruz

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