“La experiencia de construir un dispositivo didáctico para concientizar sobre el cuidado del medio ambiente”

Autores: Florencia Chacón, Gabriela Alonzo y Alejandro Andrés Muñoz

Abstract: Alejandro Andrés Muñoz

Profesor de Ciencias Naturales del IES 9-028 “Estela Susana Quiroga”

Departamento de Santa Rosa.

En este artículo compartimos una experiencia que se desarrolló en el año 2017, en el IES 9-028 “Estela Susana Quiroga” de Santa Rosa, con la idea de elaborar un proyecto que participara en la Feria de Ciencias departamental.

Las estudiantes Florencia Chacón y Gabriela Alonzo propusieron trabajar en una temática ambiental que se articulara con saberes que se estaban desarrollando en los espacios curriculares Geografía y Didáctica de la Ciencias Naturales.

Se planteó la hipótesis de la falta de información acerca del cuidado y preservación del medio ambiente en la  comunidad de Santa Rosa . Así que, entre mates y charlas, surgió la idea de revalorizar la Reserva Natural de Ñancuñan en el ámbito escolar del departamento. Primero fue necesario relevar los conocimientos de los alumnos y docentes sobre la Reserva mediante encuestas y entrevistas. En el registro se pudo identificar cuáles eran los conocimientos que los alumnos tenían sobre el cuidado del medio ambiente y si reconocían el verdadero objetivo y la importancia de la reserva para la zona.

Luego se elaboró una secuencia para abordar la temática de los recursos naturales y la preservación de los mismos en una Reserva Natural desde un planteo novedoso, para lo cual fue necesario indagar cuáles eran los contenidos curriculares específicos de Ciencias Naturales para vincularlos en la secuencia.

Otro elemento que contribuyó a la conceptualización temática fue la visita a la Reserva para interiorizarse del trabajo que realizan los guardaparques y conocer su tarea cotidiana en la conservación de las especies autóctonas de la zona.

Finalmente se implementó la secuencia didáctica en 7mo grado de una escuela de la zona. La misma dio inicio con un taller sobre la problemática ambiental y los bosques autóctonos y el gran desafío de concientizar para un futuro sustentable

Los excelentes resultados logrados en el taller y las felicitaciones recibidas por de toda la comunidad educativa de la escuela, les dio un gran empuje para presentarse a las diferentes instancias de evaluación en la Feria de Ciencias.

Con el proyecto terminado las estudiantes del IES, fueron pasando de la instancia departamental, a la provincial y luego quedando entre los primeros seis proyectos elegidos a nivel nacional. Allí se destacaron por la capacidad en argumentar sobre la necesidad de cambiar el modelo tradicional de enseñanza, de hacer dudar al alumno con estrategias pedagógicas bien planificadas, de propiciar una enseñanza práctica para cuidar el medio ambiente con actividades que hagan exteriorizar su pensamiento y por sobre todo que el educando pueda observar, comparar con sus propios modos de pensar, para luego – poco a poco – ponerlos en práctica con la ayuda del grupo de compañeros y del educador.

En este sentido, esta experiencia educativa, valoriza y visibiliza una vez más, el capital cultural y simbólico que enriquece a todos los participantes en una Feria de Ciencias, demostrando la necesidad inseparable de la práctica y la investigación en el Nivel Superior, principalmente en Institutos que se encuentran alejados de los centros urbanos.

Todo este viaje pedagógico de construcción colectiva, sirvió para seguir reafirmando que vale la pena atreverse a demostrar la experiencia docente que se produce en las aulas, que el deseo puede mover montañas en el lejano Este, y que como dice Edith Litwin “es necesario entender que un grupo con intereses en encontrar y descubrir nuevas razones para comprender la tarea cotidiana instala una cultura profesional de nuevo tipo en la docencia”.  

 “Del Norte al Sur¨ El Viaje:

Autor: Florencia Chacón

Tengoque comenzar advirtiendo al lector que mi juicio sobre estas memorias está influenciado por el profesor Alejandro, que me motivó a escribirlas, ya que me siento identificada en todo lo que respecta al proceso en el cual es enseñar y aprender, contemplando desafíos que nos movilizan a reflexionar en esta tarea como docentes implicados en la problemática actual del sistema educativo y más precisamente en la escuela como institución al servicio de una determinada comunidad.

Los seres humanos aprendemos de nuestras experiencias, al ser la vida un viaje, en donde podemos empezar a disfrutar desde el mismo momento en que lo diseñamos, o sin embargo, puede ser una larga responsabilidad que tenemos la obligación de preparar. En esta experiencia, mi viaje fue una aventura apasionante, un proyecto que nos conmovió desde el primer momento, un plan pensado por nosotras, una visita organizada por otros y un desafío que decidimos enfrentar.

Recordar todo lo vivido en la Feria de Ciencias es emocionante y placentero, porque lo recuerdo con la memoria del corazón, magnificando todo lo bueno.

Este viaje comenzó con la ayuda y sostén de nuestro profesor Alejandro Muñoz (Jefe de Investigación), Eugenia Trefontane (Didáctica de las Ciencias Naturales) y Pedro Marsonet (Didáctica de las Ciencias Sociales), tres personas humanamente excepcionales, amables, bondadosas, humildes, pacientes y leales, quienes nos guiaron en un proyecto que comenzó presentándose en Santa Rosa, cuya temática fue sobre la Reserva Biósfera Ñancuñan.

En el primer encuentro con mi compañera Gabriela, salimos del horario de  cursado y nos reunimos con el profe Alejandro, esa tarde comenzamos a escribir nuestro libro de campo, donde volcamos todas las ideas, teniendo en claro que íbamos secuenciando desde un enfoque socio-crítico, ya que nos enseñaron que el conocimiento se construye por intereses que parten de las necesidades de los grupos, y generando una transformación social, en donde nuestro rol como docentes es hacer participar al educando desde la construcción misma del conocimiento. En ese momento observé que teníamos las herramientas y unas ganas tremendas de interactuar con nuevos saberes, con una acción investigativa sostenida en una gran motivación por conocer y compartir esa nueva experiencia.

Como era nuestro primer proyecto de investigación, tuvimos muchos deslices que superar, pero el profesor siempre nos hizo tomar al error como parte del proceso, de deconstrucción y construcción permanente de un nuevo abordaje del conocimiento y de una novedosa forma de presentación del mismo y de las conclusiones a las que fuimos arribando.

Ganar en la Feria de Ciencias departamental, nos alentaba y empujaba para continuar en el viaje del conocimiento, donde interactuamos con alumnos de 7º grado, con guardaparques, pobladores de la comunidad y docentes de distintos niveles.

Y así, en un proceso de mayor perfeccionamiento de lo desarrollado hasta el momento, llegamos a la instancia provincial, en donde las exigencias y nuestra preparación profesional aumentaron ostensiblemente, ya que ahora deberíamos competir con otros estudiantes de institutos de educación de superior de toda la provincia.

Esta etapa, que se caracterizó también por ser muy enriquecedora desde lo personal por el sólo hecho de poder relacionarnos con nuevos grupos de estudiantes y docentes que también trabajaban en el desafío que significa este tipo de Feria educativa.

Es así que nos fuimos haciendo y rehaciendo en este viaje emocionante, en el que nos atravesaron momentos de miedo, incertidumbre, tal vez inseguridades, pero también momentos de risas y alegrías, con estados de humor en el que no faltó  reírnos de nosotras mismas a partir de las anécdotas que iban surgiendo en todo el proceso de  producción.

Fue así que, sin imaginarnos, logramos pasar a una instancia nacional; donde competimos con setenta y nueve Institutos de Educación Superior de todo el país. Una experiencia vivida como única, e increíble, de gran valor para nosotras ya que no creíamos que íbamos tener la posibilidad de llegar a esta etapa.

Siempre dije que fue un viaje emocionante, difícil de expresar en una sola palabra, si con solo pronunciarlo se despierta en mí un remolino de sensaciones. Nada nos fue fácil, desde organizarnos, ya que cada uno tenía distintas actividades, hasta dejar a la familia, siendo estudiantes madres.

Llegar a Buenos Aires fue todo un reto, no conocíamos una ciudad tan grande. Me detuve a pensar por un rato, en todas las palabras que cruzaban por mi mente: descubrimiento, felicidad, sueños, sonrisas, recuerdos, reto, ilusión; llegaban a mí para darles vida, una vez que estas invadían mi cabeza, el reto para mí, pasando a ser un juego de aprendizajes significativos, imborrables.

No puedo explicar la sensación de plenitud y alegría al recorrer toda la Argentina en un sólo y gran salón como es Tecnópolis, y digo recorrer, porque escuchar a los diferentes integrantes de los stands de cada provincia, con un proyecto, fue algo magnífico. Pude interactuar con gente de diversos puntos del país desde el norte hasta el sur.

 Este viaje, tal vez impensado, fue sin dudas, cargado de ansiedad, así sin más explicaciones, una sensación que dejaba fragmentos de imágenes y pensamientos. Pensando en cómo nos iría en este nuevo desafío, una película para armar desde reflexiones que me invadían en los kilómetros recorridos en micro.

Jamás podría olvidar este proyecto y todo lo que trajo aparejado, un proyecto perseguido con sueños, movidos tal vez utópicamente, donde intentamos romper paradigmas, cambiar modelos tradicionales de enseñanza y sobre todo propiciar una enseñanza cuyas prácticas fueran un compromiso por cuidar y respetar el medio ambiente.

Más allá de todo reconocimiento y logros obtenidos, lo que me queda y enriquece como persona y profesional, es que tengo la convicción de que la educación es la apuesta para provocar el progreso hacia el humanismo, cuando hay gente responsable y comprometida, que acompañe a los educandos hacia la autonomía y la creatividad, donde la ciencia y la tecnología  promueva el protagonismo y verdaderos aprendizajes significativos.

El viaje fue movimiento, fue experimento, fue lanzarse por cosas nuevas, fue soñar, en una máquina perfecta de dibujar deseos para luego hacerlos realidad.

Me siento agradecida, por la oportunidad, por haberla aprovechado con gran entusiasmo ante una apuesta novedosa, por el compromiso asumido, y por el acompañamiento recibido.

Todo lo que redundó en un viaje inolvidable, que volvería a emprender sin lugar a dudas, porque me permitió saber que el esfuerzo y la preocupación por un proyecto toma sentido cuando se transforma en algo propio, que nos invita a poner el corazón y el placer de llevarlo a cabo, por el hecho mismo de conocer nuevos senderos del conocimiento, en el que el aprender con otros son también hitos que orientan y marcan el camino transitado.

¡Un viaje que parecía corto, se transformó en un largo pasaje hacia una experiencia inolvidable!

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