La necesidad de la sospecha frente a la necesidad del auto reconocimiento

Puita, Emanuel

El auto-reconocimiento de la identidad no solo es una necesidad subjetiva por haber sido invisibilidad durante generaciones a través de distintos medios y por razones materiales, ideológicas, culturales y hasta psicológicas. Este demanda rever múltiples aspectos, pero el presente escrito no podría de ningún modo agotarlo, a penas, mencionar o señalar un nuevo subrepticio más, la supuesta necesidad innecesaria de auto-reconocimiento, en cierta forma ajena, siendo la identidad un hecho de por sí dado, un factum, que depende de los mismos sujetos en parte y en parte no, constituido por cada uno y a la vez, por la comunidad en específico en momento que no ciñe del todo pero se configura en el devenir del tiempo como a la vez se modifica[1]. De tal manera que no escapamos aun del designio heracliteano.  

Para empezar, es fundamental preguntarse por el origen psicológico y material, de qué manera ayudan a explicar negación del otro, del diferente, la necesidad de la definición, del auto reconocimiento, etc. La hipótesis de la partimos fundamentalmente es que en la necesidad del autoreconocimiento de los pueblos indígenas puede haber una oportunidad secreta de un sector dominante.

Encaramos esta suposición desde la psicología. Así, los seres humanos tienen mecanismos cognitivos que le permiten comprender y relacionarse con las cosas, pero también, se encuentra una estructura social e ideológica que habilita la segregación.  De tal manera que hay una necesidad porque hay una omisión, una separación, una discriminación. Resulta necesario, en relación al propósito en cuestión, analizar la discriminación. ¿Qué es? ¿A qué responde? ¿Cuál es su origen? Etc. Pero de lo que no podemos dudar es que este es un acto que debilita el tejido y la red social.

La palabra discriminación es polisémica, ambigua, líquida, etc., a la vez, se vincula con la injusticia, la desigualdad, el racismo, el género, etc. A esa plurivocidad  contribuye el derecho, hasta se puede decir que el término tiene una polisemia originada. Al revisar la definición de discriminar (del latín discriminare), que significa establecer una diferencia entre personas o cosas, fundándose en criterios o características distintivas pertinentes. En su fundamento, el término no introduce un juicio de valor y no induce a la idea de tratamiento desigual. Sin embargo, en el lenguaje corriente, reviste una connotación negativa, en otras palabras, el término revela una distinción que se opera a través de un tratamiento menos favorable. Es el derecho quien consagra esa definición con un enfoque y tratamiento diferencial y perjudicial.

Desde lo psicosocial este es un acto de prejuicio, un comportamiento negativo que está relacionado con lo social y psicológico; es decir, fundadas en desigualdades de poder, de materia, de reconocimiento, etc. El acto puede ser individual, o sea, interpersonal e institucional o grupal. Estos ocurren en la cotidianeidad  en la cual, al mismo tiempo, las desigualdades históricamente son evidentes entre los grupos y culturas. Desde lo sociológico, las estructuras sociales tienden a suscitar, difundir y estabilizar los actos de discriminación, lo que hay son relaciones entre grupos distintos y desiguales. Pero la psicología social, señala que toda división intergrupal es construida cognitivamente y comporta grados y modalidades distintas. En ese sentido la ideología tiene un rol estructurante, esencialista, naturalista, innatista, etc. De tal modo que el otro es naturalmente inferior y es admisible discriminarlo cumpliéndose un cierto equilibrio social.

Esta naturalización debe ser abordado en términos de procesos cognitivos (Oriol, 2006). El origen del prejuicio se puede explicar a través de factores negativos como fracaso personal que amenaza la auto estima por eso luego los individuos tienen tendencia a estigmatizar al otro y con ello reparar la imagen de sí mismo (Fein y Spencer (1997). Otra explicación es mediante la gratificación en donde la superioridad económica y social de los grupos dominantes le otorga la facultad de hacer prejuicios y estigmatizaciones a los desfavorecidos. Se puede observar entonces que el prejuicio pasa por el auto estima y la situación socio-económica.

El tema de la discriminación necesariamente se vincula con los estereotipos y prejuicios que son creencias y juicios generalizados sobre diferentes aspectos de un grupo de personas o clase social. Así mismo, estas corresponden a una elaboración cognitiva de contenidos de información simplificada y procesos de exteriorización, es decir, son explicaciones. El estereotipo designa una imagen mental que se forma al tratar la información (Lipmann, 1992). En otros términos es un fenómeno de esquematización que consiste en seleccionar y simplificar un conjunto de creencias que permiten interpretar y juzgar el comportamiento de los demás, y que además, está ligado a los prejuicios.

Un prejuicio designa los juicios hechos de sentimientos negativos hacia los individuos o grupos que tienen una pertenencia social distinta a la propia, lo que causa por lo general rechazo. De esta forma es una actitud evaluativa que sirve de base a los prejuicios y estos últimos tienden a la discriminación. Se trata de actos de intolerancia que excluyen pero que no es justificable y que tiene como efectos el estrés, la agresividad, la depresión,  la desvalorización, la aceptación de la situación negativa, la culpabilidad.

En virtud de los que se viene exponiendo, las dos categorías mencionada tienen ciertos determinantes, los Psicosociales en la cual la diferencia social se expresa sobre la base de desigualdad social y la conformidad que indica que las personas que más se conforman con las normas sociales son aquellos que más tienden a realizar prejuicios hacia los demás. El otro determinante es el afectivo como la frustración. Y el determínate cognitivo como las inferencias erróneas y la focalización en la que se pone atención aun aspecto que incomoda o indeseable.

El origen de los estereotipos y prejuicios es sociocultural. Aquí la socialización es un factor importante. Así, estos dos elementos son parte de una herencia cultural junto con otras. Estas últimas influyen en las actitudes y comportamientos. Por otra parte, obedecen a una actitud etnocentrica, racista y cognitivo. En cuanto al cognitivo, se entiende que el cerebro utiliza estrategias que le permiten una simplificación de la información, lo que trae como efecto una situación social, la creación de estereotipos, es decir, son logradas por la capacidad de categorizar y clasificar elementos.

 ¿Pero cuál es la función de los estereotipos y los prejuicios? La de sistema explicativo que consiste comúnmente en legitimar las diferencias sociales o justificar las situaciones de desigualdad. Estos proporcionan sistemas explicativos a través del sesgo de la “psicologización” de diferentes aspectos de un fenómeno social. De esta manera, los estereotipos y los prejuicios constituyen procesos de racionalización que sirven para justificar la desvalorización socia.

Es momento de hacer referencia a la manifestación de la discriminación; esta se observa a través de las “representaciones sociales” que son filtros de la percepción de la realidad y se articulan sobre las imágenes y las expresiones verbales como prejuicios, estereotipos, actos de distanciamiento, además esta permite determinar la naturaleza del clima social y constituye un sistemas de saberes prácticos.

Siguiendo la lanía psicológica, pero desde la visión de Neal Ascherson, al preguntarse uno mismo por qué torturamos y humillamos a otras personas. Esta se responde analizando lo que detestamos en nosotros mismo. Pues el enemigo que creemos ver en otras personas tiene que encontrarse originariamente en nuestro propio interior. Queremos acallar esa parte de nosotros mismos aniquilando a ese otro que nos la recuerda. Este proceso es omnipresente en todos. La pregunta es la siguiente, ¿Por qué percibimos las pequeñas diferencias como una amenaza? De tal manera que cuanto más cercanas son las relaciones entre grupos humanos más hostiles son previsiblemente esos grupos unos con otros. Son los puntos en común los que hacen que las personas luchen entre sí, no las diferencias (Arno Gruen).  Según esta última postura, la discriminación no sería más que el rechazo de uno mismo porque veo en el otro lo que odio de mí. Kantianamente hablando en el instante que decido ir contra el otro estoy yendo en contra de mi misma dignidad. Entonces la discriminación estaría presente en todos y se quiera o no tarde o temprano cometeríamos actos de discriminación.

A los efectos de clarificar este supuesto intuido traemos a colación el concepto de identidad. La idea de identidad en este trabajo permite revelar la situación intercultural en la que nos encontramos, tras los cambios producidos por la globalización y el capitalismo. Viéndolo más de cerca este se vincula con lo individual, colectivo, psicológico, social y político. En cuanto a la constitución, la misma es difícil de concebir porque hoy las relaciones son amplias y con más posibilidades.

La identidad se define como una articulación de rasgos específicos de un individuo o grupo particular. A su vez, se constituye como sistema simbólico de valores, y es, a su vez, un filtro que ayuda a decodificar y comprender. Y en el acto o usos de esos rasgos nos definimos. Esta conlleva característica como algo compuesto, dinámica, dialéctica, etc. Además, estos atributos cumplen con dos funciones, la de adaptación y valoración de sí mismo. Por último, con las estrategias de identificación con la que se logra interactuar y superar el contexto.

Pero en plano más social, demográfico y político ¿En qué situación se encuentran los demandantes del auto reconocimiento? El caso es que los indígenas siguen padeciendo situaciones de desigualdad pese al reconocimiento de algunos derechos. Desde lo demográfico, representan 5% de la población mundial que es igual a 370 millones, son 5000 comunidades, se encuentran diseminados por 90 países. En argentina se han declarado 34 pueblos para el estado pero las comunidades dicen ser 38 pueblos. El INAI opina que se han registrado 1653 comunidades y solo 1456 han registrado su personería jurídica. (2018). El estado frente a esto hace omisión, niega e inicializa la cuestión.

Los reclamos son básicamente dos, el reconocimiento de la identidad y de su pertenecía o regreso a las tierra donde habitaban. En este último sentido, ya lo resaltaba a este pedido de la tierra el filósofo José Mariátegui de Perú. O sea, sus reivindicaciones cuentan con el apoyo de muchas comunidades aborígenes, artistas e intelectuales. Sus discursos han sido oídos en foros internacionales y organismos como la ONU o la CEPAL. Creando se así organismos en su defensa. A pesar de los reclamos y peticiones aún se les sigue expropiando de sus tierras, desalojando, etc. Lo cual produce migraciones.  Estos indígenas ven que la ayuda vendría por el reconocimiento de su personería jurídica. Hasta ahora esa ley que contribuiría es la 26.160.

Sus reclamos conllevan la necesidad de aclaraciones conceptuales, que concomitantemente ayudan a la auto-definición de la identidad, tales como comunidad que se entiende como conjunto de familia o grupos que se autoidentifican pertenecientes a un pueblo indígena con una organización social propia, cultura, historia y territorio. A la vez también, la de pueblo, que es un conjunto de comunidades y familias con una historia en común anterior al nacimiento de la nación. La otra distinción que hacen es la de territorio y tierra, la tierra es identificada como la madre tierra o pacha mama, en el territorio como el lugar de la ancestralidad espiritual o cosmovisión. En relación con esto último está la naturaleza, esta tiene un tiempo cíclico en el cual el hombre pertenece a la tierra., distinto a lo occidental, en el que la tierra le pertenece al hombre. Este ente es la provee de los necesario y su relación es cuidadosa o armoniosa.

Habiendo revisado la situación y las características brevemente, la otra instancia es el reclamo del reconocimiento o respeto de los derechos del indígena, más que nada, lo relativo a la autodefinición de la identidad. Antes que nada entiéndase a la mencionada como una facultad que posee el mismo sujeto, la cual representa una manifestación particular de un principio mayor relacionado con el derecho a la identidad cultural. La lucha por el reconocimiento de la cultura es sumamente importante puesto que garantiza la pervivencia de su modo de ser.

En este sentido se discute qué corresponde al Estado. Se entiende que este debe acompañar la iniciativa de los interesados. No cabe duda que su voluntad de circunscripción le compete a ellos mismos con las categorías que vean que los ayuda a fundamentarse. En fondo, estos pueblos bregan por ser incluidos en los procesos sociales y políticos.

Con la definición se apela a su propia intervención es esta tarea autodeterminación y de los derechos que le corresponden. Pero el proyecto se ve debilitado en cuanto a que los pertenecientes a una comunidad han sido globalizados, es decir, han sido absorbidos por una cultura dominante. En la iniciativa esos patrones pueden ser sentirse heredero de una comunidad, reconocerse como perteneciente a esa comunidad, ser parte de una etnia, una lengua, una religión, reconocerse como parte de la naturaleza, etc. Reconocidos estos en un marco legal se gozara de la cultura y los derechos culturales. Por lo dicho entendemos que si no hay un auto reconocimiento no hay identificación formal y que optado por el uso de esta facultad se cuenta con los elementos previamente mencionados, por ende, deviene preservación de la cultura que luego define a los mismos.

Frente a esta demanda hay posicionamientos a favor disimuladamente o en contra. La tesis que defienden los indígenas es que son los mismos indígenas quienes deben definirse. Esta postura recibe el apoyo de CERD (Comité para la Eliminación de la discriminación Racial) para quien la definición externa es un error. De hecho es un derecho exigido en el Proyecto de Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas. También apoya esta moción indígena el CTPI (Promoción y Protección de los Derechos Humanos). Ante esta aspiración hay una consecuencia acerca de la posibilidad o no de la definición, sin embargo, si la identidad de los pueblos no es definible, pero al menos se debe reconocer y respetar dicha necesidad. En esta misión el papel del Estado es acompañar y desde él se ha afirmado que es una necesidad reconocida. Por otro lado, el observador de Banglatesh sostiene que esta actitud indígena es contraproducente, a este acompaña estados que también lo ven así. De entre estos José Bengoa aduce que de llevarse esta iniciativa se tiene que tener en cuenta la operatividad que promovería los objetivos internacionales y locales, funcional para permitir la participación de otros y flexible para asumir otros aspectos. Por su parte, Alfonso Martínez para quien la identificación no es un atributo que solo le compete al indígena en el plano internacional. A su vez, Guisse advierte que no se debe  confundirse en esta tarea, los conceptos auto identificación y libre determinación.

Tras haber mencionado el caso desde lo jurídico, ahora necesitaremos del apoyo de la filosofía desde la mirada de Arturo Roig, concretamente a partir del a priori antropológico. La mencionada categoría refiere a una necesidad intrínseca de autoafirmación desde una situación o realidad concreta. Para dicha categoría, el hombre es capaz de hacer/alcanzar experticias, esto no hace referencia a un mero hecho, por que incluye las posibilidades no realizadas. A su vez, el Hombre es indivisible, no hay dualidad o superioridad de un plano corporal o espiritual sobre el otro, porque se pone así mismo como valioso. Esto está fundado en la idea de que en los comienzos de la existencia humana se produce el impuso de preservarse en el ser y en la auto estimación,  a autoestima  implica lo físico y la dignidad. El hombre tiene una corporeidad del cual cuida al igual que a otras cosas. Lo que lo hace sujeto es que se encuentra separado de la naturaleza. Reviendo, en el comienzo hay un sentimiento de cuidado, predomina lo sentido que pensado; es decir se tiene un sentimiento de sí, de su valor propio con lo que afronta las cosas del mundo.

Así el hombre se constituye primero por la auto estimación y que por medio de la cual se conecta con los animales  y otras cosas. Lo  ue hay es en definitiva un sentimiento de cuidado por el cuerpo, la corporeidad es parte integral del ser humano. En el comienzo del ser humano hay una valoración del ambiente para poder sobrevivir, esta se pone en acto antes de toda autoconciencia y conocimiento, prima más lo axiológico sobre lo cognoscitivo.

El a priori antropológico se produce por el autoreconocimiento y el reconocimiento de los demás. El hombre en sentido pleno debería aceptar la dignidad de los otros como valioso (Mahr, Gúnther. 2003).

Pero cuáles son las particularidades diferenciales para lograr la definición. Actualmente estos son vistos como una corriente más fuerte, identitariamente hablando. Lo que lo diferencia está en lo cultural y es por ello que toda legislación debe resguardar y cuidar ese aspecto. Pero más concretamente este código, por así decirlo, se encuentra en el idioma. De este modo el lenguaje guarda ese saber ancestral, que en muchos casos se ha movido en la oralidad, siendo esto algo negativo y positivo, en cuanto al primero porque no se resguarda en un formato y en secundo es positivo por ser el medio más vivo donde se muestra el ser de los sujetos en cuestión. Allí se encuentra las referencias para su identificación o identidad.

En la tarea de encontrar aquello que lo identifica y permite enunciarse, pese a haberlo dicho ya, uno de ellos es el lenguaje pero ahora se vislumbra la tierra. La tierra es la base de su supervivencia, está integrada en la vida del indígena (Aguilar, G. 2005).

Conclusión

Según el posicionamiento de este trabajo, a saber, la necesidad de auto-reconocimiento indigna puede que, una vez más, esté siendo subvertida a favor de los que tienen el dominio material y tecnológico, o sea, los que controlan el mundo siguiendo una ideología capitalista. Esta sospecha está fundada en la innecesaria necesidad de reconocimiento la identidad que en la realidad concreta es percibida ineludible a través de los sentidos y de la comprensión que la expone como un hecho ontológico sin más. En otros término, sabemos de los peligros de sobre estimar la capacidad del sujeto y de caer nuevamente en un idealismo que atenta las minorías (Mahr, Gúnther. 2003).

 A modo de digresión se puede hacer una analogía histórica, es sabido que en la modernidad se sucedieron cambios sociales, demográficos y el nacimiento mismo del capitalismo. Para entonces las condiciones del proletariado eran infrahumanas y mal pagadas sus labores. Era una circunstancia en la que el burgués hacía uso y abuso de tal estado humano de producción, pero las luchas sociales del trabajador salieron a flote y en cierta medida se institucionalizaron los derechos del trabajador. Sin embargo el capitalismo no ha desaparecido y aquellas leyes se ven perimidas. En cierto sentido están “vigentes” mas retocadas haciendo que las garantías sufran un retroceso, en definitiva, los intereses del capitalismo buscan generar aquella situación en la que nación. Sus técnicas son diversas, basta observar las prescripciones educativas como la “2030”de los países prestamistas  que exhorta a formar sujetos dóciles, acríticos, alienados, amébicos, etc. El capitalismo debe seguir pero para él se renueva conceptualmente y tiene nuevos recursos terminológicos, es decir giros semánticos que seguirá cumpliendo su fin, la acumulación a costa de la diferencia.

  Según este planteo emergen interrogantes como ¿Qué identidad les correspondería a ellos? ¿A caso están definidos e identificados? ¿Cuál es su identidad? ¿Qué es lo que debieran reconocer, su identidad o los hechos que los identifican? ¿Hasta dónde y cuándo el poder servirá para que puedan identificarse? ¿Cuál es el sentido de su identidad frete a las otras identidades?

Planteadas estas preguntas. Tomemos una, qué modo se contribuye esta intención de la que sospechamos. 

Según los visto desde la psicología social en relación a la discriminación, el estado de los indígenas habría sido construidas a través de  prácticas sociales heredas y prácticas cognitivas, que ayudan que prosigan los estereotipos y prejuicios hacia esta comunidad, tal son cometidas en función de preservar las condiciones de  desigualdad para proseguir con los intereses materiales y que los indígenas demandan a través de diversas acciones. Pero otra mirada psicológica  sugiere que esa hostilidad que han padecido los nativos tendría que ver con que los europeos, en el caso de América, no solo se hubiera sido movilizada por el interés material sino por el reconocimiento de aspectos negativo que se encuentran en el interior de estos. Con los cual, la diferencia, la necesidad de auto reconocimiento no es óptimo porque hay elementos compartidos que siempre despertaran la hostilidad.

Siguiendo con la ayuda de la psicología, en el caso de la identidad, los indígenas no habrían logrado emerger como comunidad que poseía una identidad fuerte porque los rasgos, características, patrones, valoraciones directamente fueron avasallados desde la imposición física, ideológica y cultural. Sus estrategias de identificación no han de haber resultado. Es decir, la identidad que se erigió fue la dominante.  

Por otro lado, si hablamos del término identidad, de por sí, ya es  problemático; primero porque es un vocablo proveniente del latín, idem, que quiere decir, mismo o igual. Por lo tanto hablar de los indígenas en, es hacer referencia desde lo externo contradiciendo con ellos a la intención de auto reconocimiento, por el solo hecho de esta necesidad no se ejecuta desde la lengua originaria o, a través de, una palabra indígena. En este mismo intento no se dice desde la mismidad o interioridad del que reclama el auto reconocimiento, lo único que se ha expresado es una parcialidad. O bien, se termina denotar excluyendo a las otras comunidades. Por ende, este intento, de expresión de lo que uno es, se hace difícil si se tiene en cuenta los distintos aspectos como la extensión, el matiz, la semántica, el enunciador, etc. Sumemos a esto que no podemos  aprehender en un término la realidad fáctica de lo que uno entiende como identidad. Así también, el léxico guarda un problema que viene dado por el mismo significado de la palabra identidad. Es decir, ¿idéntico a qué o a quién? Visto esto, los indígenas son los primeros pobladores, ya estaban aquí, no existían los países, los límites políticos ni geográficos. Por lo tanto, es incorrecto señalar que son argentinos, chilenos o bolivianos, porque su origen es previo a la división de los territorios en estados independientes, su cultura es ancestral, y solo por ese hecho sus derechos deberían ser respetados y considerados sin necesidad de legislación alguna (Márquez, E.).

El reconocimiento implica una definición pero ¿Ante quiénes? Los pueblos y comunidades originarias que reclaman ese reconocimiento de su identidad, de su cultura que está viva más quenada en sus lenguas, y de las tierras que no es vista del mismo modo que el occidental porque su cosmo es distinta, por ende su filosofía, religión, cultura. Agrupando estas características uno se podría atrever a distinguirlos, definirlos, pero esta es una tarea que le compete a ellos y no a entes gubernamentales que han sido condicionados por intereses. La autodefinición o auto reconocimiento hay que verlo siempre como una facultad y derecho de ellos y de cualquier ser humano. Según esto el Estado omite los padecimientos de estos, sin embargo lo que esperan de él es una legislación que contemple la cultura y la tierra que son la base de su supervivencia. Si nos ponemos a pensar se observa dos cosas, la primera, es que al fin y al cabo, son estos mismos elementos con los cuales la clase dominante se ha impuesto, y la secundo, es que el auto reconocimiento, revela la necesidad de inclusión, inclusión que es ambigua, porque el término lo es por ser funcional a los del poder. Entones, la identidad indígena está compuesta por una complejidad de relaciones e interacciones, por lo tanto, una ley  no parece suficiente para llenar el contenido valórico de esta de esta identidad, así la correcta definición pone en juego la supervivencia misma de estos. 

Según, el a priori antropológico los pueblos aborígenes solo estarían poniendo en ejercicio esa necesidad de autoafirmación con la petición de autor reconocimiento. El a priori se explicita en cuento que los indígenas tienen una sensibilidad emotiva con su cuerpo y entorno que lo expone al solicitar el reconocimiento de su identidad, en el trato y convivencia de su comunidad,    en el reconocimiento de sus tierras. El a priori indica que el hombre es un ser emotivo antes que conciencia, es decir, tiene una relación emotiva con su cuerpo, con el de los demás y las cosas. Los demás serian las personas y las cosas su medio y la tierra. Aquí es priorizarte el cuidado de la comunidad como uno mismo y de la tierra.

De aquí parte la duda de que es necesario el reconocimiento. Esta debiera verse más bien como un fenómeno de por sí dado  que no necesita de nuestra intervención intelectual, no es necesario recalcar sino aceptarla, asumirla desinteresadamente. Esto implica desligarse de preceptos, prejuicios, ideas o ideologías. Como ser hermenéutico que es el hombre ha distorsionado la mira interpretativa y la ha ceñido intereses. Pero esta caída no es ingenua, responde justamente a la necesidad banal sobre los bienes, con lo cual deja de ser una distinción para ser un discernimiento interesado. Este hermeneuta intelige las cosas y al verse ajeno interpreta que debe tomarla, no le es suficiente la mera abstracción. Tiene la necesidad de asirla más que conceptualmente y con ello pasa a apodarse de las cosas porque no tolera solo la interpretación. Con ello pierde la posibilidad de un solo comprender y respetar el orden en el que aparentemente están.


[1] Esta descripción sigue el esquema de pensamiento de Saussure.

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