NEGATIVOS EN UN CHARCO

Nicolás Garro Astudillo

Estudiante del Profesorado de Lengua y Literatura.

Sucios llegamos y sucios nos vamos, podés anotarlo en esa libretita llena de frases universales que llevás encima tuyo Victorino.

Belisario parecía venir masticando esa sentencia desde hace un tiempo, nadie alcanza la iluminación sin antes ser un buen observador meditabundo, y nadie lanza esa verdad sin un silencio posterior a una charla trivial; después de un solitario y azaroso “y así es che..” es en ese lapso vacío en que el pensador encuentra la oportunidad que venía buscando para desarrollar su teoría. Donde se pesan los tiempos y las distancias, los momentos y la confianza, de la misma manera en que se puede escapar una confesión brutal, un dolor terrenal y cercano que puede transferirse a ley natural… el amor no duele… el amor no alcanza… temas que se hablan después de unas copas compartidas… No tengo dudas de que Sir Isaac Newton esperó ese silencio, ese espacio vacío para formularle a su amigo de confianza Jordan Peckle sus teorías sobre la gravedad. Ni que Karl Marx luego de unas risas sueltas, bebió un largo trago de cerveza, apoyó el chop en la mesa, se hizo hacia atrás y mirando casi de soslayo a su amigo, dejó salir las palabras…”¿Vos sabés que la separación de los laburantes de sus medios de producción es lo que hace que tu viejo tenga toda la guita junta, ¿no Frederic?”

Dejá de decir que tengo esa libreta en voz alta Belisario! En este bar de mala muerte todas las conversaciones se mezclan en el aire. Y eso fue una confidencia que te revelé solo a vos. A ver, contame, ya que tiraste esa frase, decime a que querés llegar.

Belisario se acomodó en la silla haciendo una mueca burlona, sabiendo que le molestaba el tema de la libreta. Se lo dijo por la buena costumbre de molestar a un amigo antes de revelarle los retorcidos caminos de su mente… una burla familiar, una atizada necesaria en el mundo de los varones que más que mala fe demuestra cercanía. Así nos hemos criado y así nos manejamos.

Victorino, vos te has dado cuenta, supongo la cantidad de esfuerzos que gasta la gente en embellecer y cuidar su cuerpo temporal? Y por esfuerzos quiero decir tiempo. Esa es la única medida que importa, ni siquiera te hablo del superfluo dinero. Te hablo de lo que no vuelve. El tiempo es lo único que vivimos perdiendo aunque queramos aprovecharlo.

-Bueno eso es una visión bastante fatalista de la vida, tampoco me extraña que me lo digas.

-No nene voy más allá de eso. Llegamos a este mundo cubiertos de fluidos corporales con los ojos cegados por la suciedad. Apenas salimos nos limpian, nos pesan, nos miden…y eso se repite durante toda la vida, te limpian, te miden, pesan hasta que adquirís la capacidad de hacerlo vos mismo, guiados por una brújula moral vas a cuidar más o menos esa limpieza, esa medida, ese peso. Guiado por la cantidad de tiempo que pensás que te queda o que has gastado, dirás que vas a aprovechar ese momento para desbandarte en lo que se te antoje o que te llegó el momento de cuidarte y atinar. Y todo eso está calculado en tiempo y sobre lo que el puto mundo espere, o no, de vos.

Como siempre a medida que Belisario iba avanzando en su exposición también aumentaba su entusiasmo, su cuerpo larguirucho parecía que se iba levantando cada vez más mientras agitaba su dedo inquisidor y toda su piel se iba poniendo más y más colorada. En esos momentos Victorino parecía desconectar el auricular de la conversación y se figuraba a su amigo como a un enorme reptil de fuego con el que no sabía por qué razón compartía unos tragos. Por eso soltaba unas pequeñas risas que no podía contener a pesar de la seriedad de la situación.

-¿De qué te reís? No es gracioso, bah, puede que sí, que se yo, parece una joda que nos hacemos nosotros mismos pero no te cagues de risa.

-Claro, no… me río porque me causa gracia la lucidez que tenés para desentrañar estas cuestiones. O sea que para vos todo esto es una pérdida de tiempo, un sin sentido. No hay chances de disfrutar la vida entonces. Disculpa que esto tenga tintes de entrevista pero de verdad me interesa saber a qué querés llegar.

– Si estás lo suficientemente alienado u ocupado seguramente vas a tener tiempo de disfrutar la vida gastando los centavos de tiempo que te queden. Pero si estás al pedo como yo vas a entender muchas cosas que no te van a dejar vivir en paz por más de que sepas lo ridículo que es preocuparse por eso.

– Es una obviedad decir que estamos de paso hermano…

– Decir que estamos de paso supone que hay algo más después, y la verdad que no lo creo, no lo diría con esas palabras. Estamos saltando en un charco y nos estamos limpiando al mismo tiempo, es una especie de lógica punitiva de Zeus, eso es lo único que me hace dudar de que haya algo más, esa maldad sin sentido.

-Bueno pero no todos lo ven o lo entienden así.

-Claro, porque están entretenidos con otras cosas. Pero acá llegamos sucios y nos vamos sucios.

-Sí, de este bar siempre nos vamos más sucios jaja!

-Dale boludo, hablo de sangre, de placenta, de nuestros propios líquidos. Hablo de que siempre nos vamos a ir sucios, de heces, de lavandina, de morfol, de sangre también, de tierra y putrefacción. Y entre medio intentamos mantener la imagen. La vida en una foto, hoy más que nunca, una pose. Como en este preciso momento, nosotros dos en esta mesa, con nuestros vasos, la botella vacía, las cáscaras tiradas del maní, nosotros dos con el resto desenfocados, todo es una imagen hermano, negativos en un charco.

-Seguro querido, pero esas verdades no van a hacer ni más simple ni más complicada la vida cierto?

-Para nada, sólo la mentira podrá salvarnos de esta agonía.

-¿La mentira o hacernos los boludos ante la verdad?

-Siempre se me hizo más fácil hacerme el boludo, la mentira da más trabajo cuando no es artística o lúdica.

-Jaja! Eso es verdad, ¿Tomamos otra?

-No pibe, mañana laburo temprano.

FIN

Tu vos

En el colectivo no hay algo más generosamente escandaloso que un diálogo entre sordomudos. El micro debe ir escasamente poblado, con algunos asientos esperando un culo que soportar y personas que pierden su mirada en algún punto fijo de la ventana o de otro asiento. Y cuando digo lo pierden, lo pierden. Porque en realidad no miran algo, es todo lo contrario. Evitan mirar algo. O Alguien. Yo no sé si el contacto humano es repugnante o qué, pero es imprescindible prevenir que dos miradas recorriendo la misma ruta aérea se crucen. Silenciosamente se juega a esquivar las pupilas en el transporte. Cómo te vas a mirar con un desconocido?! Cómo te vas a dignar a reconocer en esos ojos las sensaciones que atraviesan a ese alguien. Cómo no ser humano, demasiado humano.

Hay que prevenir el contacto de cualquier manera. Por eso también es recomendable usar auriculares. No queremos oír. Para qué escuchar si tampoco vamos a hablar. No vamos a decir nada. Silenciémonos con música y locutores que nos pinten la realidad de alguna manera que nos haga reír. La realidad, en realidad, es mejor cuando nos la cuentan a través del éter. Es mucho mejor que palpar, sentirla, olerla, rozarla….

En el preciso momento en que dos manos deciden ocupar el mismo espacio de metal frío para sostenerse, basta que esa parte lateral de la mano se junte con la del desconocido para que automáticamente estas salgan despedidas como si se hubieran apoyado sobre brasas. Hay que buscar un lugar donde no haya piel que compartir.

No podemos soportarnos, ni escucharnos ni mirarnos ni tocarnos. Pero yo lo que no puedo soportar es tu vergüenza casi escatológica de hablar y reírte a carcajadas, de lanzar una abrumadora puteada de sorpresa; de apoyar mi mano sobre la tuya y mirarte bien a los ojos para no pedirte perdón y darte las gracias. Porque estás en mi dermis y en la de todos. Me marea tu timidez insípida de esquivar a tus pares y sobre todo a tus impares.

Por eso yo prefiero el espontáneo escándalo de los sordomudos.

Los presiento por el rabillo del ojo, se me asoman sus ademanes, sus caras llenas de anécdota. Trato de adivinar sus historias. Y les presto atención. Les regalo atención. Y aunque ellos no lo sepan, jugamos al amigo invisible. Les regalo atención porque ellos son los únicos que me regalan algo humanamente vivencial. Y yo vivencio con ellos. Aunque erre la película, ellos me transportan a algún lugar, en un tiempo donde a una o varias personas les pasó algo. Y me expresan libremente su cotidiana verdad. Con palabras que quieren salir y no pueden, emes que se entrecortan en clave morse. Sonidos empujados por brazos y rostros hechos voz. Hechos vos. Hechos yo.

¿Me conoces??

No me conoces aún

Río Atuel, Valle Grande San Rafael, Mendoza Argentina

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