El círculo

Por Facundo Sosa

Iba viajando en el colectivo, con los auriculares al palo, con faceta pensativa y la cabeza apoyada al vidrio; mirando el paisaje rutinal.

Fue pasando el tiempo y la vista empezó a desfigurarse. Primero eran rayas debido a la velocidad del transporte; luego eran imágenes configuradas por un caleidoscopio.

Quedé en shock, el viento se frenó y por un instante, el tiempo se tornó caprichoso. Una sensación empezó a danzar con mi inconsciente.

Mi mano se movió, ultrajo un papel y una lapicera. La tinta zigzagueaba en el papel. Al principio las letras eran claras. Luego empezaron a amontonarse, hasta transformarse en un remolino de tinta.

Desapareció todo de repente; no estaba más en ese colectivo. Me encontraba rodeado de una nada blanca y sin horizonte. Con una pluma en la mano y un tarro de tinta a los pies.

Quedé estupefacto ante la nada, sentí una angustia; como si el tiempo se riera de mí.  Me costó moverme en ese momento, hasta que mi mano levitó. Alzó la pluma y empezó a escribir sobre la nada.

Alcance a escribir una palabra, río. Esta no tardó en derramarse para convertirse en uno. Habiendo presenciado tal evento, me dediqué a crear mi propio locus amenus.

Pasaron los minutos, los años, explorando y mejorando el mundo. Pero el tiempo no quiso olvidarme y me dio una bofetada; cuando me di cuenta que no tenía con quien compartir.

Creé a un ser y eso desencadenó crear otros: una sociedad. En un instante infinito la nada se convirtió en mundo. Al principio a causa de mi ignorancia controlé cada movimiento, para guiar una sociedad pacífica y justa.

Ésta de a poco se me fue de las manos, el aburrimiento se apoderó de mí. El conflicto me llamaba desde mis instintos más bajos. En una ausencia de noción, los siglos pasaron, el poder, el aburrimiento afloraron en un sadismo que parecía infinito.

Luego de un mileno, escapé por un segundo de mi eternidad omnipotente; para darme cuenta, que no era lo que quería. Mojé la pluma en lo último que me quedaba de tinta, en un intento de dejar esa vida. En el último rincón blanco escribí: quiero ser corriente y sentir la adrenalina de no saber.

Desperté en el micro como si no hubiera pasado nada. Me fui a un bar; pedí un trago y esperé.

Llegaron unos amigos, saludaron y rompí en llanto

Retrato de Joni Mitchell por Candela Oliva

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