Pedagogía de la Intencionalidad: un nuevo paradigma de educación humanizadora

 Resumen

Un interrogante que nos venimos planteando muchxs educadorxs es cómo ser docentes en este nuevo milenio. Hoy la situación dentro del sistema educativo está constituida por estudiantes del siglo XXI y docentes formados en el siglo XX, dentro de instituciones educativas y paradigmas que surgieron en el siglo XIX. ¿Cómo educar en este contexto?

Hoy urge una transformación de fondo, pues el mundo cambió y ya el sistema en su estructura general -política, económica, social y cultural- no está dando las respuestas necesarias a las necesidades y aspiraciones humanas actuales y, muy especialmente, ya no responde a la sensibilidad de las nuevas generaciones. Una sensibilidad a todas luces solidaria, noviolenta, horizontal, de reivindicación de sus derechos y fuerte compromiso con los temas de género y ecológicos, con capacidad de autorregulación y autogestión. Hoy más que nunca podemos afirmarlo cuando quienes encabezan las marchas exigiendo justicia social, el cumplimiento de los derechos humanos y diciendo basta a la violencia manifestada en todas sus formas, son las nuevas generaciones. 

Este artículo invita a la reflexión para tomar conciencia del peso que tiene esta problemática hoy en la educación y la candente necesidad de repensar el significado de educar, el para qué educamos y las estrategias de trabajo dentro del aula.

Pedagogía de la Intencionalidad: un nuevo paradigma de educación humanizadora

Andrea Novotny

Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA)

Profesora del IES  9-002 “Tomás Godoy Cruz”

Un interrogante que nos venimos planteando muchxs educadorxs es cómo ser docentes en este nuevo milenio. Hoy la situación dentro del sistema educativo está constituida por estudiantes del siglo XXI y docentes formados en el siglo XX, dentro de instituciones educativas y paradigmas que surgieron en el siglo XIX. ¿Cómo educar en este contexto?

Hoy urge una transformación de fondo, pues el mundo cambió y ya el sistema en su estructura general -política, económica, social y cultural- no está dando las respuestas necesarias a las necesidades y aspiraciones humanas actuales y, muy especialmente, ya no responde a la sensibilidad de las nuevas generaciones. Una sensibilidad a todas luces solidaria, noviolenta, horizontal, de reivindicación de sus derechos y fuerte compromiso con los temas de género y ecológicos, con capacidad de autorregulación y autogestión. Hoy más que nunca podemos afirmarlo cuando quienes encabezan las marchas exigiendo justicia social, el cumplimiento de los derechos humanos y diciendo basta a la violencia manifestada en todas sus formas, son las nuevas generaciones. 

Asimismo, el neoliberalismo ha hecho gran daño instalando la noción de una educación donde calidad de la educación es igual al resultado de evaluaciones estandarizadas/cuantitativas. Evaluaciones que son el “molde” donde cada estudiante “debe encajar” en determinados parámetros, correspondientes a un modelo de sociedad y de mundo que quienes ejercen el poder real consideran debe valorarse, imitarse y reproducirse. De este modo y de acuerdo a la nota obtenida a través de respuestas condicionadas de las pruebas estandarizadas, se califica de buena o mala a una escuela, docente o estudiante. Además, el aprendizaje está ligado a una concepción donde la/el docente en el aula sólo debe difundir contenidos al modo de lo que muy bien Paulo Freire definió como educación bancaria[1], donde el educador deposita contenidos en la mente del educando dando “todas las respuestas correctas” e inhibiendo de esta manera en la/el estudiante sus posibilidades de desarrollo, de búsqueda de nuevas soluciones. En consecuencia, lo único que se promueve es el individualismo, la violencia y la competencia, no sólo entre estudiantes sino también entre colegas y entre instituciones del mismo nivel educativo.

Este artículo invita a la reflexión para tomar conciencia del peso que tiene esta problemática hoy en la educación y la candente necesidad de repensar el significado de educar, el para qué educamos y las estrategias de trabajo dentro del aula. Porque en este absurdo de pretender formar para un mundo que ya no existe se encuentra, creemos, una razón clave de la apatía y el desinterés generalizado de lxs niñxs, adolescentes y jóvenes por la escuela; y, lo que es aún más grave, un importante factor generador de violencia dentro del ámbito educativo.

En este contexto, y con la intención de buscar nuevas alternativas, surge la Pedagogía de la Intencionalidad[2] con su propuesta educativa y fundamentación teórica considerando a la educación como algo mucho más complejo y más integral que simplemente un resultado y una estadística. La educación es una herramienta de transformación y crecimiento como seres humanos y quienes formamos parte de la comunidad educativa, nos vamos transformando todo el tiempo y colectivamente para constituirnos en personas con derechos, críticas, éticas y autónomas.

La etimología de la palabra educación proviene del latín educere que significa extraer. El ser humano trae un equipamiento, trae una potencialidad que está en todxs sin distinción alguna. Educar es extraer esa potencialidad. Es posibilitar que ese potencial se exprese en el mundo. Otro elemento importante, en palabras de Moacir Gadotti, director del Instituto Paulo Freire de Sao Paulo “la diversidad es la característica fundamental de la humanidad […] ante la diversidad humana se abre la posibilidad de la diversidad de mundos posibles” (Gadotti, 2018;14). Partimos de esta frase para adentrarnos en nuestro concepto fundamental de aprendizaje intencional, basado en una concepción psicológica que considera a la conciencia humana no pasiva, ni simplemente reactiva; sino activa, creativa, intencional. Desde nuestra perspectiva se otorga gran relevancia al concepto de intencionalidad como motor de lo que se aprende. La intencionalidad es clave en la construcción interna que implica toda adquisición de nuevos saberes y aprendizajes puesto que siempre nuestra conciencia busca ir más allá, busca desplegarse, desenvolverse con libertad. “El aprendizaje admite diferentes grados intencionales. Desde la simple grabación de lo percibido por sentidos, por el hecho de registrar fenómenos, externos o internos; y de allí en adelante, el aprender imitando, el aprender haciendo, el aprender jugando, el aprender enseñando, el aprender intercambiando, el aprender investigando, el aprendizaje por inspiración… hasta el aprender sin límite, como modo de existencia ligado al sentido trascendente de la vida.” Agregando que “del mismo modo podemos distinguir gradaciones en la intensidad de la apertura al mundo, de ese ir intencional de la conciencia hacia el mundo. Comenzando por la simple y fresca curiosidad humana y la atención hacia un mundo externo pleno de estímulos interesantes de ser atendidos; pasando por los gustos o tendencias más personales hacia determinados aspectos de la vida, temáticas o actividades; la Vocación por determinada profesión o modo de aplicación social; hasta llegar al grado más intenso, sentido y profundo de la propia Misión en el paso por este plano de existencia.”[3]. Estamos diciendo entonces que no sólo es importante descubrir y desplegar la propia Vocación, profesional o social, que lo enciende a unx como un llamado interno que no se puede dejar de oír. Sino de una Misión para la vida en dirección humanizadora, que es muy importante para cada unx de nosotrxs develar y desplegar.

En este marco, el aprendizaje es una actividad intencional, activa y muy dinámica donde se aprende de aquello que se hace. Se aprende haciendo, sintiendo y pensando. El funcionamiento de la conciencia es así, se va actuando por acierto y error. Sí, se aprende también del error. El error no debiera ser castigado, sino integrado como un elemento muy significativo en el proceso de aprendizaje. Asimismo, hoy la información está al alcance de todxs gracias al avance de la tecnología y del internet. Entonces el vínculo docente-estudiante ya no tiene que ver tanto con entregar los contenidos sino más bien con brindar, a través de la experiencia, las herramientas necesarias para potenciar las capacidades de las nuevas generaciones en miras del desarrollo integral del Ser y la construcción social de lo nuevo.

En este sentido para la Educación Humanizadora, educar ya no es instruir o formar de acuerdo a un modelo, a un tipo de sociedad existente. Educar es habilitar[4]. Habilitar a las nuevas generaciones en el ejercicio de una visión integradora, amplia, abierta y no dogmática de la realidad, de manera que su mirada tenga en cuenta al mundo no como una supuesta realidad objetiva donde” las cosas son así” y nada puede modificarse, sino como el medio en el cual aplica el ser humano su acción, transformándolo y humanizándolo.

Desde esta concepción, es nuestra tarea como educadorxs generar las mejores condiciones posibles: físicas, emocionales, mentales y sociales. Las “llaves del aprendizaje”[5] son parte de estas condiciones pues permiten abrir puertas para que el aprendizaje se desarrolle en su plena potencialidad.

Hoy, en un mundo de cambio permanente, es nuestra aspiración que el “aula” se transforme en un lugar de convergencia y respeto por la diversidad, de empatía, de encuentro entre generaciones. Un lugar donde se fomente la pasión por aprender, reflexionar, debatir, investigar, de rebelión ante lo que se quiere imponer como verdad absoluta. En suma, un espacio en donde todxs aprendamos en conjunto y nos relacionemos desde lo mejor de cada unx en miras de un salto cualitativo que abra, a la educación y la sociedad en general, la oportunidad de un mundo solidario, noviolento y plenamente humano.

“Enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción”[6]


[1]              Freire, P (1968) Pedagogía del oprimido. D.F, México. Siglo Veintiuno Ediciones.

[2]             Aguilar M., Bize R. (2018) Pedagogía de la Intencionalidad. Educando para una conciencia activa. Rosario, Argentina. Homo Sapiens Ediciones.

[3]             DiTomaso, S., Goyena, K., Novotny, A. (2016) Preparando el Camino de los Nuevos Tiempos. Una mirada humanista sobre el aprendizaje. Buenos Aires, Argentina, Hypatia Ediciones.

[4]            Silo (2011) Humanizar la Tierra. Buenos Aires, Argentina. Leviatán Ediciones.

[5]            Aguilar M., Bize R. (2018) Pedagogía de la Intencionalidad. Educando para una conciencia activa. Rosario, Argentina. Homo Sapiens Ediciones.

[6]             Freire, P (1996) Pedagogía de la autonomía. Río de Janeiro, Brasil: Paz e Terra.

2 comentarios sobre “Pedagogía de la Intencionalidad: un nuevo paradigma de educación humanizadora

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: